El recuerdo del trueque en Roca: cuando el intercambio fue una salida frente a la crisis
La aparición de nuevas ferias populares en Roca, impulsadas por un contexto económico complejo, trajo de nuevo a la memoria colectiva una experiencia que marcó a miles de familias: el trueque. Una práctica que, entre fines de los '90 y los primeros años del 2000, se convirtió en una forma de supervivencia para enfrentar no sólo la desocupación sino también la pérdida del poder adquisitivo y la falta de alimentos en los hogares del país.
Vecinos y vecinas que vivieron esa etapa recuerdan cómo el intercambio directo de bienes y servicios, sin mediar dinero, se transformó en una red solidaria que llegó a tener un peso central en la vida cotidiana. Incluso hoy, algunos plantean la posibilidad de recuperar esa modalidad.
La experiencia del trueque en el Alto Valle comenzó hacia finales de los años ‘90 en Villa Regina. En ese entonces, un grupo de vecinos conoció el sistema que se había implementado en Buenos Aires y decidió replicarlo. Trajeron consigo los primeros “créditos” o “tickets de intercambio”, que funcionaban como moneda interna y permitían ordenar los intercambios sin necesidad de dinero. Al poco tiempo, se trasladó a otras localidades, entre ellas, General Roca donde el auge del trueque se dio con fuerza a partir de la crisis del 2001.
El funcionamiento era tan cotidiano como vital: se intercambiaban principalmente alimentos, ropa, productos de limpieza e higiene o artículos escolares. Pero también hubo quienes ofrecían servicios profesionales , como atención médica o reparación de artefactos, a cambio de comida. Era una forma de sostenerse en medio del derrumbe económico.
Los espacios de encuentro se multiplicaron: las plazas San Martín y Belgrano, el predio de la ex Estación del Tren sobre calle 9 de Julio, y la intersección de San Juan y Salta fueron algunos de los lugares más concurridos. Para 2002, se estimaba que más de 4.000 vecinos participaban activamente.
Con el crecimiento exponencial de la actividad, los intercambios espontáneos dieron lugar a una estructura más organizada. Se crearon los clubes de trueque, cada uno tenía sus propios organizadores, reglas internas, y se reunía en distintos barrios. Algunos de ellos editaban sus propios créditos y hasta realizaban reuniones previas para organizar las ferias. Aunque los créditos no eran intercambiables entre clubes, solían tener un valor aproximado al del peso argentino.
Uno de los clubes que más se mantuvo en el tiempo fue el que surgió junto a las vías del tren que luego pasó a llamarse "Pequén". Con el aumento de los participantes, se trasladó al centro comunitario de Villa San Martín, luego al predio del Tiro Federal, y más tarde regresó a otro espacio comunitario del mismo barrio. Sin embargo, las mudanzas fueron una constante: el espacio era cedido, pero luego quitado.
La última sede fue una iglesia en Barrio Nuevo. Pero un cambio de autoridad eclesiástica obligó nuevamente al grupo a reubicarse, esta vez instalando los puestos en la calle, frente a la capilla. El frío, la lluvia y la falta de un espacio fijo terminaron por desarticular el club. Así, con el tiempo, uno de los espacios de trueque más emblemáticos de Roca dejó de existir.
El trueque a nivel nacional: de una huerta en Quilmes al país entero
La historia del trueque en Argentina comenzó formalmente el 1° de mayo de 1995 en Bernal, en el conurbano bonaerense. Allí, un grupo de vecinos ecologistas que desarrollaba huertas orgánicas organizó el primer "Club de Trueque" como respuesta a la falta de empleo. En sus inicios fueron apenas veinte personas, reunidas en una vieja fábrica abandonada.
El sistema fue creciendo rápidamente. Para facilitar el intercambio, se crearon los "créditos", una especie de billete interno que equivalía a un peso y que simplificaba las transacciones entre socios. En pocos años, el modelo se replicó en toda la provincia de Buenos Aires y luego en el resto del país.
La masividad llegó en 1996, cuando el programa “Hora Clave”, conducido por Mariano Grondona, le dedicó una emisión especial al fenómeno. Desde ese momento, la expansión fue vertiginosa: en 1999 ya participaban 180.000 personas, y en 2001, medio millón en más de veinte provincias, en ese momento los espacios de trueque en Río Negro comenzaron a multiplicarse. Para 2002, según estimaciones publicadas en medios nacionales, había unos 6.000 clubes de trueque funcionando en el país, con más de 2,5 millones de participantes.
Aunque su objetivo nunca fue reemplazar a la economía formal, el trueque se convirtió en un complemento clave para quienes habían quedado fuera del sistema, ofrecía una red de contención social y económica que permitió, en la mayoría de los casos, garantizar tener un plato de comida sobre la mesa.
Hoy, dos décadas después, el recuerdo del trueque sigue presente en muchas familias del Alto Valle. No solo como una "anécdota" de lo efectos de la crisis en la región, sino como una muestra de organización comunitaria, creatividad y solidaridad frente a la adversidad.