Un recuerdo imborrable: el hombre de Choele Choel que recibió una cruz bendecida por Jorge Bergoglio antes de ser Papa
Christian Ariel Rodríguez Errotabere, nacido en Choele Choel y hoy radicado en Río Grande, Tierra del Fuego, guarda entre sus recuerdos más preciados un objeto cargado de significado espiritual: una cruz jesuita bendecida por quien más tarde sería conocido mundialmente como el Papa Francisco.
A los 57 años y ya jubilado como profesor de música, Christian recuerda con emoción su paso por la Base Esperanza en 2002, donde fue destinado como docente antártico junto a su entonces esposa y sus cuatro hijos. “Este derrotero incluyó vuelos en avión Hércules, desde Rio Gallegos hasta la Base Marambio; luego helicóptero con nosotros y nuestras pertenencias hasta finalmente llegar al Rompehielos Almirante Irizar. Allí fuimos alojados para la última etapa de nuestro viaje.”, rememoró.
Durante su permanencia en el rompehielos, Rodríguez Errotabere asistió a una misa especial celebrada en un pequeño salón del barco. “Nos invitaron a participar de una ceremonia oficiada por el capellán de la nave, y allí fue donde conocimos a Jorge Bergoglio”, contó. Al terminar la misa, “Él se acercó a cada uno de los presentes, que no eramos muchos, y nos entregó después de bendecirla, una réplica en metal de una cruz jesuita tallada en madera por miembros de las antiguas misiones. Desde ese día la llevo conmigo.”.
Sobre como recuerda la elección del papa, expresó: “Fue muy emocionante saber que un argentino haya sido merecedor de tal distinción y que se le haya confiado tamaña responsabilidad como líder mundial”.
Al reflexionar sobre la vida y obra de Francisco, Rodríguez destacó: "Obviamente también me sentí privilegiado por haber estado tan cerca y haber podido cruzar unas pocas palabras con él".
“Fue un hombre que estuvo donde tenía que estar, se acercó a quienes lo necesitaban y también a quienes podían ayudarlo en su misión”. Y agregó: “Trabajó incansablemente hasta el final de su vida por los que menos tienen, por la paz en el mundo, por una Iglesia más austera, por los jóvenes y por la integración de los discriminados”.
“Qué más se le puede pedir a un hombre que vivió para los hombres”, concluyó emocionado. “A veces pienso que se nos fue un santo. El santo que me dio una cruz”.
Aunque se define como “católico pero no practicante”, Christian confesó que tras la muerte de Francisco asistió junto a su actual esposa a una misa homenaje: “Decidimos asistir y llevé mi cruz para que fuera bendecida nuevamente. La guardo como una verdadera reliquia”.