2022-09-20

Ninquihué: una fundación que ayuda a que los chicos encuentren su propio camino

Un día de 1995, un grupo de gente voluntariosa decidió que había que hacer algo para ayudar a los chicos y adolescentes que pasaban los días en la calle, instalados en la zona de las vías; buscando el pan que les permitiera llegar al día siguiente. La mayoría tenía problemas de adicciones: el pegamento hacía estragos en sus cabecitas pero los hacía olvidarse por un rato de la situación que vivían.

Ese grupo de personas se encontraba en la parroquia del Cristo Resucitado y escucharon la convocatoria de dos religiosos: Andrés Tocallini estaba terminando su noviciado, y la hermana Marcela Fortín. Allí se dieron los primeros pasos para empezar a conformar la Fundación Cachorros de Ninquihué. “Nuestra idea siempre fue trabajar para que haya un camino de liberación. En ese momento, una liberación de las drogas”, apuntó Nilda Martinangeli, fundadora y coordinadora del grupo.

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Una de las protagonistas de aquellos días fue quien acercó el nombre de Ninquihué: “es una palabra antigua que significa libertad”, apuntó. Y no se dijo más: era la definición que necesitaban. Y fueron acercándose a aquellos chicos que parecían no tener un destino. Fue un proceso largo, en el que el primer paso era ganarse su confianza. Nada menos. Al principio, caminando en las calles, acercándose al lugar donde estaban. A partir del ’97, ya en el espacio que tienen actualmente en Libertad al 2.100, frente a la placita del Barrio Aeroclub, una vivienda cedida por el municipio.

Con paciencia y continuidad, Ninquihué logró la primera transformación: “algunos chicos aprendieron un oficio. El de panadero, por ejemplo, que lo hacíamos en una panadería que era de la iglesia. Hoy, algunos chicos de esa experiencia están trabajando en panaderías e la ciudad”, cuenta Nilda con entusiasmo.

Este grupo no podía “ni pisar el estacionamiento” de los supermercados con alguna razón: en la búsqueda de su supervivencia, habían realizado pequeños hurtos y algún que otro daño. El gran cambio se pudo ver cuando uno de los chicos “pudo ingresar como repositor. Y todavía hoy está trabajando para una marca de lácteos”, reveló.

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Uno de esos pibes, que se había escapado de su hogar en Tres Arroyos, pudo sobreponerse a todo y hasta contar su experiencia en un libro: “Porque sabemos resistir”. Claudio Sabatini logró conformar una familia y hasta reestablecer sus vínculos. También está “Gustavo, que tiene un taller”. Todos esos pequeños logros enorgullecen a Nilda y le dicen que los desvelos y esfuerzos de aquella etapa valieron la pena.

En 2002, Ninquihué cambió su objetivo: se convirtió en un hogar de día para brindar ayuda a los chicos que tienen distintas problemáticas. En dos turnos, 21 muchachitos llegan a las instalaciones para encontrar una contención que no tienen en sus casas. Desde hacer las tareas hasta darse un baño con agua caliente. O poder cambiarse la ropa. “Esto es una casa; y todo lo que se hace en la casa de una familia, también lo necesitamos acá”, explicó.

La ONG cuenta además con un personal que aporta el gobierno provincial: cinco operadoras, dos asistentes sociales y un encargado del mantenimiento.

Martinangeli aclara que no son un hogar judicializado: “a veces, son los docentes de las escuelas los que no piden una ayuda para un chico que tiene algún problema de conducta. Otras, son los padres los que vienen porque ya no saben cómo responder, no tienen elementos para enfrentar la situación”.

Y en todos los casos, se pide que haya una responsabilidad compartida: “la organización empieza en la casa. El adulto debe hacerse cargo de su obligación de que el chico vaya a la escuela. El chico tiene que ir a la escuela. Y nosotros nos vamos a encargar de que tenga lo necesario, pero el ejemplo tiene que estar en la casa”, apuntó.

Los que quieran acercarse para ayudar o para ver cómo se trabaja en la institución, no tienen más que acercarse a su sede de Libertad al 2100. Están de lunes a viernes, de 8 a 18.

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