2022-08-19

Lucas Asenjo: 13 años de lucha para recuperar su identidad y su historia

Es hijo de Jorge, periodista y militante del PRT desaparecido en junio de 1976, cinco meses antes de su nacimiento.

Lucas tiene 45 años; tiene una familia conformada, con esposa e hijas; un trabajo y una vida Pero faltaba algo más profundo: consolidar un lazo con su origen. Lucas no había nacido todavía y ya era una víctima de la violencia desatada por el régimen militar instalado en 1976. Lucas es hijo de un desaparecido y recién se enteró de esa situación en 2001. Después, tardó 13 años para que la justicia le reconozca su filiación. Y lo consiguió: ahora puede decir que es Lucas Asenjo, hijo de Jorge Asenjo, periodista, trabajador en una empresa frutícola, desaparecido en Cinco Saltos en junio del ’76. Cinco meses antes de que él naciera.

Su historia “es para un libro o una película”, comentó mientras trata de recomponerse. Su madre logró escapar de la persecución paramilitar y llegar a Buenos Aires, desde donde continuó hacia Asunción. El niño fue inscripto con el apellido materno; después, con el apellido de la pareja de ella, padre de sus hermanos.

Una situación, allá por el 2001, “desata la verdad y empieza la lucha por la reconstrucción de la historia de mi papá; y con esos pedacitos, tratar de armar también mi propia historia. Y conocer cómo fue, que le gustaba, qué comía, de qué cuadro era… todas las cosas que no conocía”.

Jorge Asenjo vivía en Cinco Saltos; era militante del Partido Revolucionario de los Trabajadores; trabajaba como administrativo en un galpón de empaque y era corresponsal del diario El Mundo, que fue cerrado por el régimen militar. Durante el mes de junio, el aparato represivo conformado por unidades del Ejército y la policía desataron un operativo conjunto en Cutral Co, Zapala, Neuquén y Cinco Saltos. El objetivo era desmantelar una agrupación del PRT y para ello secuestraron a unas 60 personas. Varias continúan desaparecidas.

El derecho de Lucas

El primer paso de Lucas fue dejar de tener el apellido de la pareja de su mamá. Pero el juicio de impugnación de paternidad tardó muchos años, demasiados: “tuve mala suerte con algunas cosas. Se perdió el expediente, se equivocaron de juzgado y lo mandaron a otro. Eso se tramitó en un juzgado de Buenos Aires y se terminó. Después vino el otro, el juicio de filiación para tener el apellido. Eso tardó otros cuantos años más. De principio a fin, fueron 13 años”, contó.

En el medio, hubo varios pasos. Un análisis de ADN con su tío, hermano del padre, que no arrojó resultados concluyentes. La búsqueda de los abuelos, que ya habían fallecido. La posibilidad de cotejar el ADN, impedida porque los restos habían ido a parar a un osario común. La historia parecía imposible de reconstruirse.

La jueza reconoció que la ley 23.511 le otorgó a la prueba biológica (ADN) el carácter de ineludible, a la par de crearse el Banco Nacional de Datos Genéticos aunque admitió que insistir en la prueba del ADN en relación a los abuelos demostraría un excesivo rigorismo en desatención a otras mandas legislativas.

Ponderó además que en el caso se presentan otros elementos que permiten un abordaje integral de la prueba, sopesando también los bienes y principios comprometidos en el proceso. “Esta postura considero además que es la que mejor se compadece con la justicia como valor y fin, y se traduce en la labor propia y esencial del ejercicio de la función judicial”, escribió en la sentencia.

En función del análisis hizo lugar a la acción de filiación y ordenó al Registro Civil y Capacidad de las Personas que inscribiera al hombre como hijo biológico de su padre desaparecido.

Una historia colectiva

“Ahora salió la sentencia”, dice con alivio Lucas. Pero no se termina: una copia tiene que llegar al Registro Civil de Cinco Saltos, que en ese momento le podrá dar su nueva partida de nacimiento. “Y recién allí, puedo tramitar mi DNI. Pero también el nuevo acta de matrimonio, los documentos de mis hijas. El trabajo, el banco, todo”.

Pero para Lucas lo importante no es la anécdota personal, sino la posibilidad de que se transforme en un hecho colectivo. A 46 años de la desaparición de su papá, insiste en que esta historia debe motivar a quien pueda tener una duda sobre su identidad a generarse las preguntas necesarias. “Porque una pregunta tiene una respuesta y así se puede ir aproximando a la verdad”, destacó.

“Se pueden preguntar y qué va a decir él si estaba en la panza de su mamá… pero lo que puedo contar es todo lo que no tengo porque se llevaron a mi papá. Puedo decir que no me llevó a la escuela, que no me llevó a la cancha, ni de la mano a la plaza, ni me retó ni me ayudó a hacer la tarea… ¿Quién me devuelve eso? Es imposible, es un daño que no se va a terminar nunca. Ahora se alivia, se repara con las condenas en el juicio Escuelita VII; con la identidad, con reconocer que soy hijo de mi viejo, poder darle el apellido a mis hijas, pero esa marca va a quedar. Lo que no quiero es que este testimonio quede en lo personal. Quede en la historia de Lucas el hijo de Jorge. Si no, como esto le puede servir al resto. Como lo hacemos colectivo”, razonó.

En el juicio La Escuelita VII, que culminó en diciembre del año pasado, 10 jefes militares fueron condenados a cadena perpetua (entre ellos, el jefe Inteligencia Oscar Reinhold; los oficiales Jorge Di Pasquale, Jorge Molina Ezcurra y Sergio San Martín, y el paramilitar Raúl Guglielminetti). Otros cinco imputados (entre ellos, oficiales de la policía de Río Negro), recibieron penas de entre 5 y 12 años de prisión.

Te puede interesar