30/10/2016

La sombra: esa parte oscura mía

Lee sobre la "sombra psicológica" del columnista Gustavo Marin.

La sombra: esa parte oscura mía
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ensando ahora, creo que siempre percibí a mi Sombra, desde chico escuche su voz decirme: "Eres débil, otros son más fuertes que vos"; "El mundo es peligroso, es posible que te rechacen o que te pase algo"; "Estás solo"; "Cuidate, no te excedas, eres frágil"; "Cuidado, no te arriesgues".

Claro que estos mensajes fueron los responsables de creer que realmente era frágil, débil, temeroso, que me tenía que cuidar en demasía, que podía lastimarme y era necesario desconfiar del mundo hostil, me sentía totalmente vulnerable y ansiosos por ello, vivía a la defensiva, rechazaba, antes que me rechacen. 

En el tercer año de la carrera de Psicología, me invitaron a participar de una experiencia Teatral en el Hospital Neuropsiquiátrico Provincial de Córdoba, donde participaban estudiantes de psicología, pacientes internados y gente de la comunidad. El director de teatro utilizaba la técnica de Stanislavsky para prepararnos como actores.

Esta técnica aporte al teatro el llamado realismo psicológico cuya intención es proyectar de manera más real el mundo emotivo de los personajes. En este método que creo el teórico ruso, el actor debe someterse a sí mismo a una constante creación de emociones internas (con técnicas vivenciales), lo que permitirá la interrelación vívida entre audiencia y actor, pues son los espectadores quienes finalmente se ven reflejados en la interpretación.

Esto se debe a que el actor debe frecuentemente recurrir a las experiencias personales para representar las emociones y lograr así la conexión con el público sin artificios.

Fue así que, de la mano del Teatro, empecé a explorar mi mundo emocional y esto constituyó algo totalmente novedoso. Descubrí, que no me conocía y que le tenía “pánico” a mis emociones. Me di cuenta que le tenía terror a la violencia (resurgió mi vulnerabilidad), que me golpearan, a no poder defenderme, veía a mis compañeros pacientes psiquiátricos, como monstruos indomables, que me iban a destruir en cuanto tuvieran la oportunidad. Pero gracias al director de teatro Carranza se me fue revelando que en mi interior tenía una gran violencia contenida y que en el juego teatral podía ir descubriéndola paulatinamente. Eso que temía de los otros, también estaba en mí, pero oculto (mi agresividad estaba en la sombra).

Al entrar en contacto con esa parte oculta, encontré una gran cantidad de energía, que podía disponer para lo que quisiera, y en este caso para la actuación. En la obra de teatro, me toco un papel de jefe de una patota, donde podía poner en juego toda mi agresividad pero para un fin creativo y expresivo. Esto transformó mi vida, no es que me volví violento, es que reconocí la violencia en mí como una energía, y me devolvió mi poder personal y deje de temer que me hicieran daño, deje de creer que los demás eran los únicos violentos, que yo también podía ser uno de ellos, aunque decidía no hacerlo.

Luego en mi práctica profesional trabaje con pacientes psicóticos agresivos, presos, jóvenes con causas judiciales (en el antiguo José Hernández de Roca) y en vez de temerles, supe que sufrían tanto como podía sufrir yo, que en el fondo no éramos tan distintos, y que desde su dolor y soledad infinita, se hacían daño a sí mismo y a los demás. Y si realmente quería ayudarlos, debía dejar de verlos como monstruos, y humanizar el vínculo. Si veo a alguien como un monstruo, posiblemente este seguirá comportándose como tal, no habrá oportunidad de cambio.

Carl Gustav Jung, pionero de la psicología profunda que se abocó al estudio de la sombra humana como un aspecto de la personalidad, en su ensayo "Sobre la Psicología del Inconsciente"(1917), se refirió a la sombra personal como el “otro” en nosotros; la personalidad inconsciente, lo inferior y censurable, ese “otro yo” que nos llena de embarazo y de vergüenza: "Entiendo por sombra el aspecto negativo de la personalidad, la suma de todas aquellas cualidades desagradables que desearíamos ocultar, las funciones insuficientemente desarrolladas y el contenido del inconsciente personal".

También Jung definió a la sombra como lo que una persona no desea ser y por lo tanto lo proyecta en los demás. Todo lo que rechazamos de nosotros mismos, lo vemos ampliado en los demás, nos molesta y desagrada al verlo en los otros y claro, lo juzgamos con todas nuestras fuerzas, para alejarlo de nosotros, “yo no soy eso”. Mientras más enjuiciamos a los demás, menos consciencia tenemos de nuestra propia sombra. Aunque el real problema, no radica que proyectemos en los demás lo que rechazamos de nosotros mismos, sino cuánto tiempo permanecemos haciéndolo.

Zweig C. y Abrams J. en un artículo sobre: "El lado oscuro de la vida cotidiana" dicen: "Por más que queramos negarlo somos imperfectos y quizás sea precisamente la sombra (las cualidades que no aceptamos de nosotros mismos, como la agresividad, la vergüenza, la culpa y el dolor, por ejemplo) la que nos permita acceder a nuestra propia humanidad".

“El trabajo con la sombra en psicoterapia es un proceso consciente y voluntario de asumir lo que hasta ese momento habíamos decidido ignorar o reprimir. Implica que el paciente se hace cargo de aquello que había sacrificado en aras de un yo ideal, se conecte con su Sí Mismo y reorganice su identidad en una imagen más global, integrada y realista.” (Zweig, C. y J. Abrahams) * “El trabajo deber ser lento y cauteloso porque la sombra se mueve como una animal nocturno” dice Connie Zweig, (Zweig, C y S.Wolf .2008 p.13)

Encontrarnos con la sombra nos obliga a ralentizar el paso de nuestra vida, escucharse dándose el tiempo necesario para poder sincerarse consigo mismo, dejar el moralismo, la idealización y el victimismo de lado para poder vernos realmente y digerir los mensajes del mundo subterráneo.

“El tema de la sombra, pues, no es, en realidad, tan sencillo como parece a simple vista. No se trata simplemente de diferenciar entre el bien y el mal sino que es algo mucho más sutil y complejo.” Es nuestro compromiso con la vida explorar nuestra sombra, porque si aspiramos a una vida plena, a una vida más justa, es inevitable que arrojemos Luz a nuestra sombra, sino, nada cambiara sustancialmente (ni yo, ni el mundo). Dice Jung: "Uno no se ilumina imaginando figuras de luz, sino haciendo consciente la oscuridad, un procedimiento, no obstante trabajoso y, por tanto, impopular."

“El trabajo con la sombra es una apuesta abiertamente subversiva. Es romper con el mandato colectivo del éxito y el bienestar, nuestra adicción a la luz, a la evitación del dolor, es ir en contra de seguir protegiéndonos en una imagen falsamente construida para agradar a otros. Es hacer que el ego renuncie a su orgullo y fatuidad y decir Sí, ese soy yo. Y eso si es un acto heroico.” * (Psicóloga Carmen Pinto Larraín, V Congreso Latinoamericano de Psicología Junguiana, celebrado en Santiago de Chile, del 4 al 8 de septiembre de 2009).

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