ARQUITECTURA
Así construyó Juliana Awada su casa en Villa La Angostura sin talar árboles
Villa La Angostura, un paraje de extraordinarios paisajes y naturaleza imponente en la Patagonia argentina, se ha convertido en el hogar de un curioso experimento arquitectónico que combina elegancia, tecnología sostenible y respeto por el entorno natural. Su protagonista, Juliana Awada, decide emprender un proyecto en el que la sustentabilidad es el concepto central, realizando una construcción integrada completamente al ecosistema donde ningún árbol existente ha sido talado.
El inicio de esta historia se remonta a la juventud de Awada, cuando, a los 22 años, se trasladó por primera vez a la región junto a su familia. Este contacto incipiente desarrolló un vínculo emocional que solo se intensificó con el tiempo. Décadas más tarde y acompañada entonces de quien fuera su pareja, Mauricio Macri, Awada regresó a las orillas de un lago en Villa La Angostura, viendo en esas tierras la mota perfecta para su nuevo hogar.
Contar con un plano de arquitectura de influencia nórdica, demandó la colaboración con el célebre arquitecto Alberto Rossi. ¿El reto? Preservar el dosel natural del bosque en toda su plenitud, un desafío que obligó a reinventar la definición de diseño residencial sostenible. Para ello, el equipo apostó por una vivienda multifacética dividida en volúmenes, recursos interconectados por pasarelas flanqueadas por árboles, componiendo así un puzle arquitectónico único en armonía con el entorno.
Una rigurosa evaluación de impacto ambiental fue determinante en la selección de los materiales, orientando las decisiones hacia la durabilidad y bajo mantenimiento. El exterior, revestido con paneles de fibrocemento de color negro, llamó la atención no solo por su calidad y respeto contra las variables climáticas, sino también en términos estéticos. la edificación organizó sus techos para que actúen como embalses de agua de lluvia, abasteciendo de agua al jardín—otra clave en la búsqueda de un consumo racional del agua.
Dentro, la madera y tejidos naturales armonizan con cerámicas artesanales que destacan en su sempiterna autenticidad y acogedora calidez. Con conciencia de que la cocina es el corazón de muchas casas, Awada otorga protagonismo a esta área, situada estratégicamente para facilitar los encuentros familiares y las atmósferas íntimas. No faltan alfombras hechas a mano y muebles ergonómicos pensados tanto para el confort como para la entrada de luz natural a espacios amablemente alumbrados.
Comprometida con la autogestión sostenible, la empresaria ha creado un generoso espacio de cultivo donde prosperan verduras, hierbas aromáticas como romero, salvia y menta, y flores que no solo complementan visualmente, sino que también adornan las mesas y platillos que prepara junto a su familia. Juliana Awada ha manifestado que su rutina está indisolublemente ligada al goce de ese entorno, dedicando tiempo a la horticultura como un ritual diario sinónimo de paz y propósito.
El resultado de este esfuerzo tiende un puente personal entre la historia íntima de su protagonista y la vasta epopeya del ecosistema Patagónico, simbolizando un abrazo entre el legado reciclado y el diseño revalorizado del entorno durante cada etapa de su vida, un testimonio sereno de coexistencia armónica con ese paisaje inagotable.