2026-10-08

Entre la poda y la mesa: las cifras del esfuerzo detrás de cada pera y manzana del Alto Valle  

En el Día del Trabajador Rural, desde el INTA Alto Valle detallaron en números al sacrificio cotidiano de la chacra y analizaron los desafíos del empleo en la cadena productiva.

Cada pera o manzana que llega a la mesa familiar concentra una cadena invisible de esfuerzo, técnica y dedicación diaria. Un reciente relevamiento elaborado por especialistas del INTA Alto Valle en ocasión del Día del Trabajador Rural pone de manifiesto la magnitud de la mano de obra que impulsa la producción frutícola en las provincias de Río Negro y Neuquén. Lejos de reducirse a la temporada de recolección, el ciclo productivo demanda una presencia humana continua que abarca desde las labores invernales de poda hasta el delicado empaque final.

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La dimensión ocupacional del sector refleja su rol protagónico en el tejido social y económico del norte patagónico. En la actualidad, la actividad frutícola sostiene de manera directa a más de 40.000 trabajadores entre la etapa primaria en las chacras y el eslabón industrial. A este volumen se le añaden entre 10.000 y 15.000 puestos indirectos vinculados a sectores clave como la logística, el transporte, los servicios agropecuarios, la provisión de insumos y el comercio regional.

Uno de los rasgos centrales de esta cadena es su marcada estacionalidad durante los meses de cosecha. El pico de recolección moviliza a unos 25.000 cosechadores y cosechadoras, de los cuales cerca de 18.000 viajan miles de kilómetros desde provincias norteñas como Tucumán, Santiago del Estero, Salta y Jujuy. Sin embargo, la continuidad del sistema productivo descansa en tareas anuales permanentes que exigen oficio y experiencia, como el raleo de frutos, el manejo de sistemas de riego, la supervisión sanitaria del monte frutal y el mantenimiento de las plantaciones.

Para dimensionar esta demanda técnica, los investigadores del INTA estimaron los coeficientes de mano de obra requeridos por hectárea al año según el cultivo en establecimientos de tecnología media. Los datos indican que una hectárea dedicada a la producción de peras demanda en promedio 802 horas de trabajo humano anuales, mientras que la superficie orientada a la manzana exige un esfuerzo superior que alcanza las 933 horas al año. Estas métricas resultan esenciales no solo para dimensionar las necesidades operativas de la producción, sino también para evaluar las transformaciones que generan la mecanización y los nuevos sistemas de conducción.

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