2026-09-29

Tierra de Hadas: el vivero de Barrio Nuevo que encontró en las plantas una forma de hacer comunidad

Gisela, una vecina del barrio, puso en marcha el proyecto hace un año y, desde entonces, el intercambio de esquejes, talleres y encuentros fue ampliando una propuesta que busca ir más allá de la venta.

 Por Daiana Larrat

Hace un año, nació en Barrio Nuevo un vivero barrial y cultural: "Tierra de Hadas", un espacio donde las plantas son la puerta de entrada al encuentro con otros. El proyecto fue creado por Gisela Candia, una vecina del barrio que junto a sus hijas abren las puertas de su casa para generar intercambio, conocimiento y vinculo con la comunidad. 

Lee también: Feria Literaria en el CET 1: estudiantes escritores, 18 stands y actividades durante todo el día

El intercambio de esquejes es una de las principales dinámicas del vivero. Quien tiene una planta puede reproducirla y acercar un gajo para intercambiarlo por otra especie, pero también llevarse conocimientos sobre cómo cultivarla, reproducirla o adaptarla a las condiciones del barrio.

El intercambio de plantas con vecinos y vecinas del barrio crece mes a mes. Foto: Tania Domenicucci

“Los esquejes son lo que más se va intercambiando porque está ahí la no necesidad de lo efectivo, de lo económico para poder uno tener una planta dentro de su hogar”, explicó Gisela a ANRoca. Además de llevar adelante el vivero, es psicologa social y es su profesión la que le permite conectar con las personas. 

La dinámica hizo que el vivero comenzara a formar parte de la vida cotidiana de la cuadra. Algunos vecinos reproducen las plantas que se llevaron y luego vuelven con nuevas especies para compartir. Otros aprovechan materiales que de otra manera quedarían sin uso.

Gisela cuenta, por ejemplo, que recientemente podó un árbol y un vecino le pidió que dejara las ramas en la vereda para luego llevarlas al campo y utilizarlas allí. “Hay un montón de cosas que se pueden hacer sin la necesidad de tener que ir a comprar un árbol directamente”, señaló.

Con el tiempo, esa circulación de plantas empezó a dejar marcas también en las calles del barrio. Gisela contó que hoy puede caminar por la zona y reconocer algunas de las especies que salieron de su casa.

Gisela junto a sus hijas abren las puertas de su hoga para que el vivero conecte con el barrio. Foto: Tania Domenicucci

 

“Los vecinos de la cuadra son los primeros que se empezaron a acercar. Hoy por hoy paso por sus veredas y veo las plantitas que van llevando de acá y que van produciendo. Eso genera una gratitud al corazón muy grande”, relató.

El intercambio también permitió que aparecieran conocimientos que no estaban necesariamente vinculados con el vivero. En Barrio Nuevo, hay sectores donde el suelo tiene mucho salitre y eso genera dificultades para algunas plantas. A partir de las conversaciones entre vecinos comenzaron a compartir distintas formas de trabajarlo y mejorarlo.

En ese punto aparece una de las características que Gisela considera centrales en Tierra de Hadas: la planta funciona como una excusa para encontrarse con otros. “Para mí, generar el encuentro con el otro, compartir el saber y generar comunidad es una de las cosas más importantes que tenemos acá"

"Siempre pienso que el conocimiento no se tiene que apropiar” 

Con el paso de los meses, la propuesta empezó a salir de esa casa. Tierra de Hadas es parte de la Feria del Andén que funciona en Stefenelli y también del  espacio de salud mental La Casita, ubicado en Santa Fe 2370.

Tierra de Hadas también se encuentra presente en el Festival La Casita. Foto: Tania Domenicucci 

Allí surgió también Cultivar Bienestar, una propuesta que busca llevar el trabajo con plantas hacia otros espacios. Para Gisela, la experiencia del vivero había demostrado que había algo más para compatir. “Es un lugar donde a mí me gustaría generar un aporte”, exclamó

Las plantas de huerta y las medicinales son algunas de las que más interés despiertan actualmente. Gisela vincula esa demanda con la situación económica actual y con la posibilidad de producir en casa parte de los alimentos que habitualmente se compran. “Uno puede llegar a tener en casa el perejil, el cilantro, el tomatito. Son cosas que uno puede producir”, planteó.

Las semillas son parte fundamental de los encuentros y los intercambios. Foto: Tania Domenicucci

 

También están las ornamentales, especialmente las que tienen flores. En esos casos, la búsqueda pasa por otro lado: sumar verde a la casa, rodearse de plantas y encontrar en ese espacio cotidiano una forma de bienestar.

Ese vínculo también alcanza a las infancias. Una de las primeras propuestas que se realizaron en el vivero estuvo destinada a niños y niñas del barrio. Con tierra, macetas y semillas, una combinación que despierta rápidamente el interés. 

En el patio de la casa todavía permanece un mural realizado por chicos y chicas que participaron de uno de esos encuentros. Ahora la idea es volver a generar actividades pensadas específicamente para las infancias y ampliar el proyecto hacia otros espacios.

A un año de aquel 1 de agosto, día de la Pachamama,  Tierra de Hadas no tiene como única meta producir más plantas. Gisela imagina un espacio que pueda seguir creciendo a partir de los vínculos que ya se generaron y de otros que todavía pueden aparecer.

“Me gustaría que sea un espacio de encuentro en mi casa, que es donde está el vivero, y donde podemos crear estos lazos con los vecinos y las vecinas para poder sostenernos entre todos, sobre todo en estas instancias que estamos atravesando”, resumió. 

Te puede interesar