“No cambiaría Roca por ningún lugar”: el artista que transforma chatarra y objetos descartados en esculturas únicas
Por Agustín Aroca
El vecino oriundo de Roma en Italia tiene 84 años y hace alrededor de 15 que se dedica a construir esculturas con materiales reciclados. Su taller ubicado dentro de su casa está lleno de piezas que recupera de computadoras, reproductores de video, aspiradoras, impresoras, juguetes, motores, ventiladores y otros objetos que dejaron de funcionar.
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Carlos "Gringo" Carosanti llegó a General Roca en la década de 1950, después de haber nacido en Roma y atravesado junto a su familia distintos lugares de la Patagonia. Primero llegaron a Trelew en 1949, luego pasaron por Conesa y finalmente se instalaron en Roca. Desde entonces, la ciudad se convirtió en el lugar donde trabajó, formó su familia, hizo amigos y desarrolló distintas etapas de su vida.
Durante 25 años Carlos trabajó en el Banco Río Negro y Neuquén y luego continuó su actividad laboral en otros rubros, además de una etapa vinculada al fútbol, donde jugó en Italia Unida y en Tiro Federal, además de haber tenido la posibilidad de probarse en Independiente de Buenos Aires cuando todavía estaba en la escuela secundaria.
A pesar de una gran carrera como fútbolistica, fue después de jubilarse cuando apareció una actividad que con el tiempo se convirtió en una parte importante de su carrera artistica. “Bueno, tengo que hacer algo para pasar el tiempo”, recordó sobre aquellos primeros momentos después de la jubilación al tener que encontrar que hacer con su tiempo libre.
Primero construyó algunas piezas de madera y luego comenzó a desarmar objetos que ya no tenían utilidad: computadoras, videocaseteras, aspiradoras, impresoras, juguetes, teléfonos, discos rígidos y todo tipo de elementos que llegaban a su taller.
Carosanti explicó que para construir sus esculturas primero observa qué puede encontrar en los objetos que desarma para después imaginar para qué puede utilizar cada componente. En su taller tiene cajones y cajas donde guarda tornillos, motores, ventiladores, cables, metales y pequeñas piezas que recupera de cada objeto.
“Lo principal acá es ver para qué te sirve lo que desarmás”, explicó Carlos a ANR sobre la gran cantidad de opciones que tiene en su taller, donde cada elemento queda almacenado hasta que encuentra un lugar dentro de alguna de las obras que está construyendo.
Al momento de construir las obras de arte, Carosanti explicó que debe usar su imaginación a partir de los objetos que tiene y así, logró un mouse en la parte delante de un auto de carrera, las ruedas de una videocasetera y ventiladores de computadoras como parte final de la escultura.
Para crear cada obra el artista roquense afirmó que necesita imaginar previamente qué forma quiere conseguir y después recorrer sus propias reservas de materiales hasta encontrar los componentes que puedan servirle.
La inspiración también aparece durante sus recorridos en la ciudad. Carosanti explicó que muchas veces cuando sale a caminar por la bardas de la ciudad observa paisajes y formaciones que le recuerdan a determinadas figuras. A partir de esas imágenes empieza a pensar cómo podría reproducirlas utilizando los materiales que tiene disponibles. “Yo veo paisajes que digo: mirá, eso se parece a un castillo” y así comienza una posible escultura.
Quince años de trabajo con más de 80 piezas
Sobre la producción acumulada durante estos años Carosanti calcula que tiene alrededor de 50 piezas entre las que conserva en su casa y su taller y las que tienen sus hijos, además de otras obras que fueron regaladas o vendidas. Según estimó, en unos 15 años de trabajo realizó alrededor de 80 piezas.
Las primeras obras fueron más sencillas y estuvieron vinculadas a su afición por las motos ya que, como durante años fue motociclista y también practicó enduro, comenzó construyendo pequeñas motos para regalarles a sus amigos. Con el tiempo, las obras fueron incorporando más detalles y materiales para convertirse, a día de hoy, como "algo único e irrepetible" como explicó Carosanti sobre sus obras.
El proceso para culminar una escultura puede llevar semanas o meses, dependiendo de cuánto tiempo le dedique y de la cantidad de elementos que necesite conseguir. El artista explicó que, si trabaja cuatro o cinco horas por día, puede completar una obra en aproximadamente un mes, aunque el tiempo también depende de encontrar las piezas adecuadas.
El taller de Carosanti funciona también como un depósito de materiales. Ubicado en su sector de su casa, en el lugar se encuentran gran cantidad de cajas, cajones y botellas llenas de distintos descartes y objetos separados según materiales, con motores, ventiladores, metales y otros componentes.
Parte de los materiales llegan a manos de Carlos gracias a familiares, amigos y conocidos. “Che, Gringo, tengo una aspiradora o tengo una videocasetera que no sirve más, vení a buscarla” son alguna de las frases con la que sus amigos lo llaman cuando tienen algun descarte que puede llegar a ser una escultura.
Una de las características de sus obras es que no pueden reproducirse exactamente. Cada escultura depende de las piezas que consigue y de las dimensiones que necesita para completar determinada forma y que muchas, según explicó Carlos "son irrepetibles". Consultado sobre que tan dificil es vender sus obras, Carosanti afirmó que le cuesta desprenderse de algunas de las obras que realiza. A pesar que ha regalado piezas a familiares y amigos, reconoció que ponerles un precio no resulta sencillo.
En algunos casos, los valores estimados superaron los 500 mil pesos, aunque Carosanti todavía trabaja en definir un sistema que le permita establecer precios para sus piezas.
Una vida ligada a Roca
La historia de Carosanti en la ciudad comenzó cuando todavía era un niño. después de los primeros años en distintos puntos de la Patagonia, su familia se instaló definitivamente en Roca y allí desarrolló su vida laboral, deportiva, familiar y social. Con 84 años, mantiene algunas de sus actividades laborales y dedica buena parte de su tiempo libre a su taller.
Consultado sobre que representa roca para él, afirmó que a pesar de haber conocido paises como Italia, España, Francia y Brasil, ninguno modificó su vínculo con Roca. “Roca es parte de mi vida”, afirmó a ANR, afirmando que "no la cambiaría por ningún lugar"
Actualmente, Carosanti conserva parte de sus trabajos en su vivienda y otros permanecen en distintos espacios, entre ellos algunos que tiene su hijo en Bariloche. A futuro, junto a sus hijos espera desarrolar una página web para reunir las piezas y facilitar su venta a quienes quieran adquirir sus productos.