2026-09-25

De la crisis del año 2000 al encuentro semanal: cómo funciona el Club del Trueque Pequén  

El espacio continúa reuniéndose cada viernes. Entre hortalizas, herramientas y prendas de vestir, más de doscientas familias sostienen un sistema propio que demuestra que la solidaridad también puede ser una costumbre duradera.

Desde hace 26 años que los integrantes del Club del Trueque Pequén se reúnen cada semana en ese espacio que nació como una opción para quienes no llegaban a fin de mes. Sin dinero y solo con créditos alternativos, los socios adquieren desde comida hasta ropa nueva o usada. Actualmente todos los viernes se encuentran frente al Centro Comunitario del barrio Noroeste.

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“Esto nació por la necesidad que había en el 2000. Ese año vino gente que nos enseñó cómo se trabajaba en el trueque en el Gran Buenos Aires", contó Alicia una de las pioneras.

Las primeras reuniones se desarrollaron en la zona de la estación de trenes, donde un reducido grupo comenzó a dar forma al proyecto: "Estuvimos en un recinto de una salita que hay en la estación de ferrocarriles en donde había una mesa redonda de madera,  cabíamos 26 personas ahí”, recordó.
La gente paga una cuota mensual. Foto Tania Domenicucci


A diferencia de las ferias, el grupo se constituyó bajo la modalidad de una organización privada donde todos los participantes deben registrarse como socios para cumplir con exigencias institucionales. María Derve, una de las coordinadoras, explicó el motivo: "Este es un club privado, todos somos socios porque tenemos un seguro de vida que nos exige la municipalidad. La municipalidad nos presta el lugar, no nos cobra, pero nos exige un seguro de vida".

Para financiar los gastos del espacio y la infraestructura, los integrantes abonan una pequeña contribución. "Cobramos 500 pesos y con eso nos abastecemos nosotros de comprar la madera, y mantener el espacio", señaló María.

Alicia detalló que esta previsión les permitió equiparse adecuadamente: "Se compraron más mesas, hicimos 27 caballetes, 10 mesas más, porque se hace chico para la gente que viene".  
Hay diferentes productos que se ofrecen. Foto Tania Domenicucci


El funcionamiento económico del lugar no utiliza dinero en efectivo para las transacciones, sino un sistema propio que denominan "créditos". "Se llaman créditos, y estamos con el mismo nombre desde el inicio. Estamos dándole un valor más o menos para acomodarlas de que les sirva, por ejemplo 200 mil créditos les alcanza para comprar varias cosas. Y así también venden y le dan otro valor a las cosas que tienen y que no usan", explicó Alicia.

Cada viernes, entre las dos de la tarde y las seis, la oferta desplegada es variada. María y Alicia detallaron que se encuentra de todo: "Ropa, alimentos, calzado, herramientas, ropa nueva, ropa usada. La verdura también está, toda clase de verdura llega acá porque tenemos la comunidad boliviana".

El impacto social del club se refleja en cada convocatoria. "Tengo anotados 800 socios, pero todos no están. Vienen regularmente, y acá deben haber 250 personas", contó María.

Más allá del intercambio de bienes, las organizadoras valoraron el significado humano que ha cobrado el encuentro semanal. "Ellos han entendido que la necesidad tiene cara de hereje dentro de la gente que menos tiene. Esto es una manera de que puedan surtirse de todo lo necesario para una semana. Vienen, conversan, se distraen, compran, venden y se van con una satisfacción de lo que han hecho", concluyeron. 
 
Galería de Fotos Tania Domenicucci
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