Municipio de Roca aplicó multas por $3 millones a jubilados por poda no autorizada de árboles
En el barrio San Cayetano de Roca, dos jubilados que viven a pocas cuadras de distancia enfrentan por estas horas la misma pesadilla: multas millonarias del Municipio por haber podado, sin pedir autorización previa, los árboles que ellos mismos plantaron y cuidaron durante décadas en la vereda de sus casas. A Nelly, vecina de Resistencia al 1000, le exigen 420.000 pesos por un solo ejemplar. A Héctor, que vive en Surinam al 900 y podó seis árboles, el Municipio le reclama 2.500.000 pesos, con una rebaja del 50% si paga dentro de los cinco días hábiles.
El lunes se les vence el plazo para apelar. Pero aún no lo han hecho. No saben a quién recurrir ni cómo hacer trámites legales. Nelly cobra una pensión de su marido y su jubilación. "Les voy a tener que entregar la pensión y después ir a comer a lo de mis hijos", acotó.
"No somos delincuentes, somos ciudadanos comunes. Entonces, no estamos habituados a estas situaciones. No sabemos cómo defendernos", comentó Héctor. Ambos admiten que no pidieron la autorización que exige el Municipio para podar. Y la pena no es solo por haber actuado sin el permiso correspondiente, sino además porque las notificaciones municipales calificaron las podas como mal realizadas.
Un paraíso
Nelly explicó que todo comenzó porque el paraíso sombrilla de su vereda deja su casa casi a oscuras y que sus problemas comenzaron al tener un gesto solidario. En julio, un hombre que pasaba por la cuadra le pidió una changa: venía de Cervantes, se había quedado sin trabajo y tenía hijos chicos. Para no darle dinero en efectivo, algo que dijo no le gusta hacer, le ofreció otra cosa a cambio.
"Por generosa me compliqué la vida, porque me pidió, por favor, si tenía algún trabajito... Le dije: bueno, podá el árbol. Yo después las ramas las entré dentro de mi casa”, contó Nelly. "Suerte, porque si no tendría más costo todavía", agregó, sin imaginar que esa poda terminaría convertida en una infracción.
"Ya tenían todos mis datos"
La semana pasada, un jueves, Nelly recibió una notificación municipal con su número de lote y de manzana —datos que, aclaró, ella nunca proporcionó— en la que se calificaba la poda como mal realizada y se le exigía el pago de 420.000 pesos. Le dieron cinco días hábiles para responder. Nelly contó que fue primero a una oficina municipal de calle España y desde ahí la derivaron a Villegas y avenida Roca, sede del Concejo Deliberante y del juzgado de Faltas, donde le confirmaron el monto.
"La única alternativa que me dan es que haga un descargo. Todavía no lo presenté porque no me decido qué es lo que voy a hacer con mi vida", dijo Nelly en una entrevista con el periodista Fernando Velázquez, de LU18.
"Este árbol lo cuido hace 26 años"
El paraíso sombrilla que Nelly podó no es un árbol cualquiera para ella: lo plantó su hijo apenas una semana después de que la familia recibiera la vivienda, el 3 de diciembre de 1999. “Lo estoy cuidando hace 26 años”, contó.
Nelly también describió los problemas que le trae ese mismo árbol: le tapa la luz natural de la casa —"vivo con la luz encendida todo el día"— y sufre roturas de ramas por camiones de gran porte, “de esos con las bateas, que tienen como 12 metros”, que giran habitualmente por su cuadra. La jubilada relató que otro árbol de su propiedad se secó después de que le arrancaran una rama “desde arriba hasta el tronco de abajo”.
Treinta años de cuidados y una multa de $2.500.000
A pocas cuadras, Héctor —vecino de Surinam al 900, atraviesa una situación casi idéntica, con un monto todavía mayor. Plantó los seis árboles de su vereda cuando se mudó y, según contó, los podó, los cuidó y les aplicó pesticidas por su cuenta a lo largo de tres décadas, "lo que inclusive no es nada barato". Héctor reconoció que su error fue el mismo que el de Nelly: no pedir permiso antes de podar.
La notificación que recibió calificó la poda de sus árboles como mal realizada y fijó una multa de 2.500.000 pesos, con una quita del 50% si paga dentro de los cinco días hábiles. Héctor cuestionó además quién firmó el acta: "en la notificación no firma un ingeniero agrónomo, sino que firma simplemente una inspectora... y no sé si está calificada para saber si está bien podado o está mal podado", planteó.
Héctor, jubilado y con haberes mínimos, remarcó que a sus gastos diarios se suma el costo de la medicación que toma todos los días. Esa misma mañana se había reunido con la jueza de Paz para plantear su situación: "le dije, yo soy jubilado, cobro la mínima... no puedo pagarlo. La realidad es que no puedo".
Héctor destacó el trato recibido durante esa reunión: "la jueza me atendió excelente, inclusive me explicó, realmente una maravilla".
Aun así, Héctor insistió en que se siente con sus derechos vulnerados y cuestionó a quienes redactan estas normas: "¿Alguien dictamina esta ley? ¿Quiénes son? ¿Los concejales?... Yo siempre pensé que los concejales eran para pensar en beneficio de la población, [pero esto] es ponerse a la población en contra", dijo.
¿Quién cuida realmente los árboles?
Tanto Nelly como Héctor pusieron en duda que el Municipio esté en condiciones de exigirles semejante prolijidad en el cuidado del arbolado urbano. Héctor recordó que, entre enero y febrero de este año, una cuadrilla contratada —no supo precisar de qué empresa— pasó por su vereda para despejar ramas cercanas al tendido eléctrico y le dejó "un túnel" en los árboles, con cortes que, según su relato, perjudicaron a las plantas. Héctor aseguró que este año debió corregir él mismo esas podas.
Héctor se quejó, además, de que el Municipio nunca envió a nadie a fumigar sus árboles, pese a la obligación que —entiende— le compete: "ni siquiera vienen de la municipalidad a echarle un triste veneno, llamémosle así, un plaguicida. Jamás, jamás ocurrió eso", lamentó.
Nelly, por su parte, relató que, cuando fue a realizar las consultas a las oficinas de la comuna, "te insinúan que contrates al personal de ellos, del municipio".
"No sabemos cómo defendernos"
Héctor resumió el sentimiento de indefensión que comparten ambos vecinos: "Nosotros somos personas comunes que nunca nos hemos metido en ningún tipo de berenjenal raro. No somos delincuentes, somos ciudadanos comunes... no sabemos cómo defendernos. No tengo ni idea a quién puedo recurrir. Uno no tiene el ejercicio de ir a abogados, de armar cartas documento".
Nelly fue categórica sobre su decisión frente a la multa: "No estoy dispuesta a pagarlo porque tengo que dejar de comer o de hacer algo... o ir a la casa de mis hijos, un día a cada casa, para poder comer".
Nelly advirtió que todavía no sabe qué hará frente al vencimiento del plazo: "el lunes veré qué hago, ahora estoy muy desorientada". Héctor coincidió con la situación que describió Nelly: "A mí me pasa lo mismo".