La historia de las dos ferreteras que llevan más de diez años al frente de su negocio
Por Agustín Aroca
En el Día del Ferretero, ANR visitó una de las sucursales de una familia que convirtió un proyecto iniciado con un pequeño capital en un comercio con dos locales. Marta y Romina cuentan cómo fueron los comienzos, qué buscan los clientes y cómo es trabajar en un rubro que durante años estuvo asociado principalmente a los hombres.
En 2001 la familia Bertoli debió irse de Roca debido a la situación económica y durante el tiempo que permanecieron en el exterior siempre pensaron que su sueño era volver y trabajar en la ciudad. Al volver a Argentina y decidir continuar con el proyecto familiar de abrir una ferretería, Carlos Bertoli y Marta Vidal decidieron vender el auto, otros bienes y comenzar con un local pequeño en Barrio Nuevo.
La familia comenzó allí el proyecto y con el tiempo llegó una segunda sucursal ubicada en San Juan y Halcón, donde actualmente trabajan Carlos y Rocío Bertoli, otra de las hijas de la familia, junto con dos empleados. “Fue muy sacrificado, empezamos con un capital pequeño. pero teníamos en mente crecer”, recordó Marta sobre los inicios de la ferreteria Construcity SRL.
Los primeros años estuvieron marcados por jornadas extensas y por la necesidad de reinvertir prácticamente todo lo que generaba el negocio y según contaron ambas, llegaron a trabajar de domingo a domingo y hasta comer dentro del local con la idea de hacer crecer el emprendimiento.
La sucursal de Stefenelli llegó después y con el paso de los años, aseguran que fueron construyendo una clientela estable y que el comercio se incorporó al circuito cotidiano de los vecinos. Respecto a trabajar en un ambito que normalmente se lo asocia a los hombres, Marta, Romina y Rocío comenzaron a trabajar cuando eran jóvenes y tuvieron que adaptarse a un rubro en el que, en sus inicios, la presencia femenina era menos habitual.
“Al principio sí costó, no te lo voy a negar, pero ahora es muy aceptable que haya una mujer, ahora nos dicen: ‘¡Qué bueno que haya dos mujeres!’”, contó Romina. Según señalaron ambas, actualmente no encuentran diferencias en el trato con los clientes por el hecho de ser mujeres y destacan que durante estos años recibieron un trato respetuoso.
Otro de los aspectos particulares del trabajo en una ferretería aparece cuando el cliente no conoce el nombre del producto que necesita. Para Marta y Romina, después de tantos años detrás del mostrador, interpretar esas consultas se convirtió en parte del oficio. “Creo que desarrollamos un don para poder adivinar lo que la gente quiere”, señaló Romina afirmando que ya sabe interpretar el famoso "cosito" que muchos roquenses buscan en las ferreterias.
La experiencia también les permite interpretar gestos y explicaciones poco precisas y según contaron, incluso atienden a personas con dificultades para comunicarse verbalmente y buscan distintas maneras de comprender qué necesitan.
La atención al público ocupa buena parte de la rutina y quienes llegan a la ferretería no siempre buscan solamente un producto: muchas veces necesitan saber cómo solucionar un problema en sus casas. Romina afirmó que además de ser ferreteras, junto a su madre cumplen el rol de atender al púlico, ser electricistas, plomeras, gasistas y muchas veces hasta psicólogas. La capacitación también forma parte de ese proceso. Las ferreterías y corralones cuentan con exposiciones y capacitaciones, muchas de ellas realizadas en Buenos Aires.
En cuanto a las ventas, explicaron que la demanda cambia de acuerdo con la época del año y los productos vinculados al agua tienen una fuerte presencia en determinados momentos, principalmente cuando llegan las heladas aparecen consultas por canillas, codos y cobertores, mientras que durante el verano aumentan las búsquedas de mangueras de riego.
También hay temporadas relacionadas con la construcción. Según explicaron, durante esta época comienzan a incrementarse las consultas y ventas de hierro, cemento, sanitarios y materiales para techos. La variedad de productos es amplia, aunque no siempre queda a la vista y es por eso que la familia comenzó a construir un nuevo espacio comercial justo al lado de la sucursal con el objetivo es contar con más espacio para ampliar la cantidad de productos disponibles y desarrollar un rubro que, por su variedad, requiere cada vez más lugar.
A pesar de compartir la actividad con otros comercios de mayor tamaño, Marta y Romina aseguran que nunca plantearon el trabajo desde la competencia directa, prefiriendo concentrarse en la atención, los precios, el crecimiento propio del negocio. Con el tiempo, según explicaron madre e hija, sostienen que una parte importante de los nuevos clientes llegó a través del boca a boca. El vínculo con albañiles y vecinos fue ampliando el alcance del comercio y consolidando una clientela que hoy conocen por nombre y por las necesidades que habitualmente tienen.
La cantidad de clientes varía según el movimiento comercial y la situación económica, pero estiman que reciben alrededor de 50 personas por día. Para Marta, una de las principales razones para continuar en el rubro es el contacto cotidiano con los clientes y el trabajo junto a su familia. Romina coincidió y destacó que además, se trata de una actividad en la que nunca dejan de aparecer productos y conocimientos nuevos.
La historia que comenzó con un pequeño local y un capital limitado llegó, después de casi 20 años, a dos sucursales y una tercera etapa en construcción: un nuevo espacio comercial en Stefenelli que les permitirá ampliar el lugar de atención y la variedad de productos. En el Día del Ferretero, Marta y Romina atraviesan la fecha detrás del mismo mostrador donde llevan más de una década atendiendo a los vecinos de Stefenelli.