2026-08-27

IA y salud mental: un psicólogo advierte sobre los riesgos de usarla para interpretar síntomas y buscar diagnósticos

La inteligencia artificial ya forma parte de la vida cotidiana. El psicólogo Federico Parodi analizó el uso cada vez más frecuente de la inteligencia artificial para hablar sobre emociones, interpretar síntomas o buscar posibles diagnósticos, y advirtió sobre sus límites en cuestiones de salud mental.

Por Agustín Aroca

La inteligencia artificial comenzó a ocupar un lugar cada vez más frecuente en la vida cotidiana y también en ámbitos vinculados con la salud mental. Cada vez más personas utilizan estas herramientas para contar lo que les sucede, buscar explicaciones sobre sus emociones o incluso intentar identificar posibles trastornos.

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Ante el creciente uso de la inteligencia artificial como espacio para hablar sobre problemas personales o buscar respuestas vinculadas con el bienestar emocional, especialistas advierten que recurrir a estas herramientas para abordar cuestiones psíquicas presenta riesgos cuyos alcances todavía se encuentran en estudio.

En diálogo con ANR, el psicólogo Federico Parodi (M.P.R.N. 1930) señaló que se trata de un fenómeno “muy amplio y muy nuevo”, cuyos efectos recién comienzan a conocerse. Según explicó, el uso de estas herramientas ya no se limita a resolver cuestiones prácticas de la vida cotidiana, sino que también comenzó a extenderse hacia los vínculos y las experiencias humanas.

Cada vez más personas recurren a ChatGPT y otras herramientas de IA para consultas de salud mental. Foto ilustrativa.

 
 
 
 

 

Parodi planteó que existe un abanico muy amplio de situaciones y que, en algunos casos, una persona puede utilizar una conversación con una IA para escribir y ordenar lo que le ocurrió. El propio ejercicio de poner en palabras determinados acontecimientos, explicó, puede ayudar a organizar un relato e incluso generar cierta sensación de calma. Sin embargo, marcó un límite cuando la herramienta comienza a intervenir sobre situaciones vinculadas con síntomas psicológicos.

Como ejemplo, Parodi mencionó el caso de una persona que atraviesa un cuadro psicótico y expresa ante una IA ideas de persecución. Según explicó, frente a este tipo de situaciones existe el riesgo de que la herramienta acompañe o refuerce ese discurso en lugar de cuestionarlo o favorecer una elaboración diferente, algo que vinculó con lo que definió como un “sesgo confirmatorio”.

“¿Puede ser peligroso? Siempre es peligroso y no, porque también es exagerado decir que es peligroso”, sostuvo Parodi. Para el psicólogo, no se trata de condenar de manera general el uso de la inteligencia artificial, sino de comprender cuáles son sus límites cuando se utiliza frente a situaciones vinculadas con la salud mental.

El impacto de estas tecnologías también comenzó a aparecer dentro de los consultorios. Parodi explicó que las experiencias que los pacientes tienen con WhatsApp, las redes sociales y ahora también con la inteligencia artificial forman parte de su vida cotidiana y llegan a las sesiones. Por eso, señaló, los profesionales también deben incorporar esos relatos al trabajo terapéutico.

Consultado sobre los aspectos positivos que puede tener la IA, Parodi destacó el valor de la escritura como herramienta para ordenar aquello que una persona está atravesando. Escribir lo que sucede puede permitir organizar pensamientos y construir un relato. Sin embargo, el profesional recomendó que ese ejercicio se realice fuera de la inteligencia artificial.

“Si me preguntás como profesional, escribilo en un cuaderno y llevalo a la consulta”, planteó. Parodi remarcó que los psicólogos y las psicólogas cuentan con una formación específica para abordar ese material y trabajar sobre él con cuidado y profesionalismo, algo que, según sostuvo, no puede ser reemplazado por una herramienta de inteligencia artificial.

El principal riesgo, según Parodi, aparece cuando la herramienta deja de ser un espacio para ordenar un relato y comienza a alimentar un síntoma. Esto puede ocurrir, señaló, frente a situaciones relacionadas con obsesiones, ansiedad o, en los casos más graves, delirios. Allí volvió a mencionar el riesgo del “sesgo confirmatorio”: que una respuesta termine reforzando determinados pensamientos o síntomas y contribuya a profundizar un cuadro en lugar de ayudar a trabajarlo.

Respecto de los autodiagnósticos mediante inteligencia artificial, Parodi sostuvo que su postura profesional es evitar que internet o estas herramientas ocupen el lugar de una evaluación psicológica. Según explicó, buscar síntomas y encontrar coincidencias puede generar identificaciones que no necesariamente se corresponden con lo que le sucede a una persona. Esa identificación puede transformarse, además, en una explicación cerrada que impida profundizar sobre el verdadero origen del malestar.

“Me pasa esto porque soy ansioso”, ejemplificó. Para el profesional, una respuesta de ese tipo puede funcionar como una barrera para preguntarse qué le ocurre realmente a una persona y qué está provocando su malestar. En ese sentido, Parodi definió el autodiagnóstico como una “falsa explicación” que puede reforzar una identificación y actuar como un “tapón de sentidos”. El trabajo terapéutico, en cambio, busca avanzar sobre aquello que hay detrás de esa primera respuesta y comprender de manera particular qué está atravesando cada paciente.

Para Parodi, el debate no pasa por determinar si la inteligencia artificial es buena o mala para la salud mental, sino por reconocer sus límites. Puede resultar útil para algunas tareas, como ordenar por escrito una experiencia, pero cuando se utiliza para interpretar síntomas, confirmar pensamientos o buscar diagnósticos, los riesgos aumentan. En esos casos, remarcó, la consulta con un profesional especializado ocupa un lugar central.

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