Día del Portero: volvió a la escuela de su infancia para seguir el oficio de su papá
Yanina Notari trabaja en la Escuela 317 de Roca, ubicada sobre calle Nicaragua, pero su historia con ese establecimiento comenzó mucho antes de que se convirtiera en portera. Allí fue alumna, terminó la primaria y, cuando era chica, acompañaba a su padre Osvaldo Notari, quien durante años trabajó en la misma escuela.
Hoy, en el Día del Personal de Servicio de Apoyo (PSA), popularmente conocido como Día del Portero, Yanina contó a ANR cómo es la tarea cotidiana, el vínculo que construyen con los estudiantes y algunas de las situaciones que atraviesan las escuelas.
“Yo venía a la misma escuela, acá terminé mis estudios en la primaria”, recordó Yanina. Durante su infancia también solía acompañar a su papá en las vacaciones, cuando se realizaban las tareas de limpieza general y acondicionamiento del establecimiento. La historia familiar continuó ligada al sistema educativo. Su hermano Mauricio Notari trabaja actualmente en la Escuela 371, mientras que su hermana Paula Notari se desempeña en el ámbito del Ministerio de Educación.
Para Yanina, sin embargo, regresar a la Escuela 317 tuvo además un fuerte componente personal. Su padre falleció en 2012 y volver al lugar donde había trabajado durante tantos años no fue sencillo. “Me costó volver a esta escuela por muchos recuerdos”, contó, explicando que finalmente surgió la posibilidad de trasladarse y decidió regresar. Desde 2022 trabaja como portera en la misma primaria en la que alguna vez fue alumna y a la que tantas veces había acompañado a su padre.
Su jornada comienza antes de que lleguen los estudiantes y entre las primeras tareas están la preparación del desayuno y el refrigerio y el acondicionamiento de los espacios que serán utilizados durante el día. La Escuela 317 tiene alrededor de 360 estudiantes y actualmente cuenta con cuatro trabajadores en el área. La cantidad de personal, explicó Yanina, se vuelve especialmente importante cuando alguno de los integrantes falta y no se incorpora un reemplazo.
“Ahora estamos con cuatro porteros, pero hemos sido dos, hemos sido tres. Es difícil, pero siempre se llega a cumplir”, señaló, afirmando además que buena parte de lo que Yanina cuenta sobre su oficio ocurre más allá de la limpieza, el mantenimiento o la preparación del refrigerio. Con los años, los porteros también construyen un vínculo cotidiano con los chicos, algunos de los estudiantes que conoció durante la primaria hoy son jóvenes y, cuando se cruzan con ella en la calle, todavía la reconocen.
También hay chicos que se acercan a conversar y situaciones que inevitablemente atraviesan a quienes comparten todos los días con ellos. Para Yanina, mantener el lugar que le corresponde dentro de la escuela no impide que algunas de esas historias la afecten, una de esas realidades aparece cada mañana en algo tan sencillo como un pedazo de pan.
Yanina contó que hay estudiantes que llegan temprano, incluso antes de que esté preparado el refrigerio, y se acercan a pedir algo para comer. A veces no importa que el pan todavía no tenga dulce o queso. “Hay necesidad y se nota”, resumió la portera al describir esas situaciones.
Ese contacto cotidiano es también una de las partes que más valora de su trabajo. “Nos ponemos la camiseta o quizás el rol de ser una madre y ver situaciones de los chicos”, contó Yanina, quien aseguró que una de las cosas que más disfruta de su oficio es justamente compartir con ellos.
La historia con la Escuela 317, sin embargo, siempre termina llevándola nuevamente a su padre. Osvaldo trabajó durante años como portero del establecimiento. Según recordó su hija, había conseguido el puesto mediante un sistema de sorteo que, de acuerdo con lo que él mismo le contaba, se utilizaba entonces para acceder a los cargos. Con el tiempo, la propia escuela reconoció su trayectoria.
“Él estaba acá, participó del acto, le dieron un reconocimiento”, recordó Yanina.
Años después, Yanina volvió al mismo lugar. Hoy incluso uno de sus hijos asiste a la Escuela 317 y ella comparte algunos momentos con los estudiantes durante los recreos, especialmente cuando juegan al fútbol.
Así, la escuela que conoció primero como alumna y a la que durante su infancia iba de la mano de su padre terminó convirtiéndose también en su lugar de trabajo. Desde 2022, Yanina recorre todos los días los mismos espacios en los que creció y en los que Osvaldo ejerció durante años el oficio que ella decidió continuar.