Resistencia con aguja e hilo: la cooperativa Septiembre textil de mujeres diversifica su producción
Desde hace 18 años la Cooperativa Septiembre Textil sigue trabajando contra viento y marea. En medio del complejo escenario económico, estas 13 mujeres apuestan por la diversificación para seguir adelante.
El grupo trabaja todas las semanas en el local 32 de la Terminal de colectivos de Roca. Allí confeccionan con mucha dedicación mientras que en el local 10 venden todos sus productos.
Noelia Gagliardino lleva más de tres años en la organización, explicó que el proceso es íntegramente gestionado por ellas: "Nosotros compramos desde la tela, moldería, corte de esa tela que compramos y los diseños todos los hablamos, vamos eligiendo, votamos qué hacemos, qué no hacemos".
Esta estructura horizontal les permite adaptarse con velocidad a las variaciones del mercado, aunque el contexto actual las obliga a afinar la calculadora al máximo.
Frente a la competencia feroz y a la pérdida de poder adquisitivo de las familias, la estrategia de las trabajadoras pasa por la empatía y la flexibilidad en los precios. Noelia señaló que observan minuciosamente las necesidades del público y buscan un equilibrio económico: "Vamos viendo qué se vende específicamente, qué es lo que pide la gente, qué precios, porque también tenemos mucha competencia, entonces tratamos de no subir tanto, pero evaluar los costos, que nosotros también tenemos que ganar".
Esa sensibilidad social se refleja de manera directa en el rubro de indumentaria para egresados, uno de sus pilares históricos. Para aliviar el gasto escolar, la cooperativa ofrece promociones donde regala una prenda por cada pedido superior a 20 unidades iguales, e incluso ayuda a las familias con menos recursos: "Para los egresados que no puedan juntar dinero podemos donar una prenda para que hagan un sorteo; tratamos de ayudar también en ese sentido", señaló.
Nuevas alternativas
Sin embargo, el vaivén económico de los últimos meses generó desaceleraciones en la demanda habitual, lo que impulsó al colectivo a diversificar su oferta para mantener activo el taller del local 32. "Acá se aprovecha todo", dijo Noelia.
De esta forma las confeccionistas comenzaron a fabricar frazadas a partir de la materia prima que les quedaba: "Se hacen con los recortes de egresados que quedan, se cortan y se hace una frazada".
Al mismo tiempo, abrieron el espacio de ventas del local 10 para comercializar calzado, accesorios de mercería y confecciones de indumentaria infantil desarrolladas por las propias compañeras en sus emprendimientos individuales. A esto se sumó la venta en modalidad outlet de prendas producidas para tiendas locales y la confección de artículos para eventos deportivos: "El calzado se sumó para ayudarnos con cosas que ya teníamos, que hemos comprado por nuestra cuenta (...) todo para aumentar las ventas", detalló.
Esta capacidad de rearmarse les ha permitido cumplir este año con pedidos de confección completa, bordado y estampado para 10 colegios de la ciudad, tanto del nivel primario como secundario. "Hacemos todo, desde comprar la tela a hacer la tercerización del bordado o el estampado, nos encargamos de todo eso", contó Noelia.
Lejos de amedrentarse cuando las ventas caen, las integrantes aprovechan las pausas productivas para evaluar nuevas alternativas: "Veníamos con egresados bien y ahora se paró un poco, pero bueno, eso nos permite rearmarnos también, ver cómo nos distribuimos o entregar la publicidad que hacemos, los flyers y eso", expresó muy conforme.
Galería de Fotos Tania Domenicucci