2026-08-07
San Cayetano: el santo que camina con el pueblo en las buenas y en las malas
Millones de fieles renuevan hoy su devoción por el patrono del pan y del trabajo, una fe que cruza la historia argentina entre crisis y milagros.
Cada 7 de agosto, el santuario del barrio porteño de Liniers se convierte en el epicentro nacional de una de las manifestaciones de fe más grandes de América Latina. Sin embargo, la devoción por San Cayetano de Thiene no se limita a un solo lugar, sino que se replica en cada rincón del territorio argentino con masivas procesiones y sentidos homenajes en capillas y parroquias locales; una fe que en Argentina tomó una identidad única, transformándose en el termómetro social y económico del país desde hace décadas.
Nacido en el siglo XV en una familia de la nobleza italiana, Cayetano estudió derecho en Padua, pero decidió abandonar su riqueza para ordenarse sacerdote. Su gran legado fue la fundación de la Orden de Clérigos Regulares, conocidos como Teatinos, orientada a combatir la corrupción eclesiástica y servir a los enfermos terminales y a los más desposeídos.
A diferencia de otros santos, a Cayetano se lo representa sosteniendo al Niño Jesús en sus brazos. Esto se debe a una experiencia mística que tuvo en la Basílica de Santa María la Mayor en Roma, donde relató haber recibido al niño de manos de la Virgen María.
El origen de la espiga y las procesiones históricas
El vínculo de San Cayetano con el pan y el trabajo nació de un milagro en tiempos de una severa sequía en el norte de Italia. El sacerdote rezó en el campo y la lluvia regresó, salvando las cosechas de los campesinos locales.
En Argentina, la tradición de sumarle una espiga de trigo a la estampa del santo nació durante la gran crisis económica de la década de 1930. El párroco de Liniers de aquel entonces, Domingo Fanti, distribuyó espigas junto a la imagen para pedir por el pan y el empleo de las familias golpeadas por la desocupación.
Desde entonces, las procesiones se convirtieron en eventos históricos masivos. La caminata de 1982, realizada en plena dictadura militar bajo el lema "Paz, Pan y Trabajo", marcó un hito donde la fe religiosa se unió con el reclamo social de todo un pueblo.
El Papa que caminaba junto a los fieles
El papa Francisco, durante sus años como arzobispo de Buenos Aires, mantenía un ritual inquebrantable cada 7 de agosto. Jorge Bergoglio viajaba en colectivo o subte hasta el santuario principal, celebraba la misa central y luego caminaba durante horas a lo largo de la interminable fila de fieles.
Existe una anécdota muy conocida sobre su cercanía con la gente. En una oportunidad, una mujer lo reconoció en medio de la multitud y le ofreció un mate caliente compartiendo el termo; Bergoglio, rompiendo toda medida de seguridad, se paró a conversar con ella y tomó el mate en plena calle como un peregrino más.
El propio Francisco recordó años después esa vivencia con una frase que describe el espíritu de esta fecha: "Iba a escuchar las historias de la gente, a compartir su dolor y su esperanza. San Cayetano no es un santo de escritorio, es un santo que camina con el pueblo".
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