El zapatero que eligió quedarse: Eduardo Vallejos mantiene vivo el oficio con 50 años de costuras a mano
A las 9.30 de la mañana Eduardo Vallejos abre su zapatería. Siempre algo hay para hacer, cambiar alguna suela, coser alguna zapatilla pero nunca falta el trabajo. Desde hace más de 50 años es zapatero y aunque se jubiló hace cinco años, él es un apasionado por su oficio.
“Yo nací en Curacautín, Chile, y aprendí esto cuando estudiaba. Mi hermano Jaime era zapatero, así que ahí aprendí con él”, contó el hombre todavía tiene algo de acento.
A los 15 años ya sabía defenderse en el trabajo. “Siempre me gustó el calzado. Veía a mi hermano que laburaba lindo y me gustaba”, señaló el zapatero que hoy tiene 72 años.
Su llegada a Roca ocurrió en 1973. “La mayoría viene a trabajar, yo vine a pasear a Argentina, tenía unos tíos acá. Me gustó... y me quedé”, señaló.
En Roca años más tarde conoció a quien sería su esposa Mireya. Las coincidencias de la vida hicieron que también contrajera matrimonio con otra joven chilena. Luego la familia se agrandó y actualmente tienen dos nietas de 11 y 16 años.
Una trayectoria con muchos recuerdos
Eduardo contó que sus primeros años trabajó como empleado en zapaterías de la ciudad. “Trabajé para el señor Héctor Utrera, era argentino, falleció hace tiempo. Él laburaba muy bien. Don Héctor tenía zapatería en Sarmiento entre Tucumán y Mitre, ahí estuve 10 años”, contó.
Después continúo con otro colega de apellido Fornaro. “Todavía vive mi amigo. Luego me independicé”, señaló.
En 1979 puso su primera zapatería en San Martín y 3 de Febrero, en el barrio Bagliani. “Estaba recién casado y puse mi primer local”, relató emocionado.
Eduardo no se cansa de su oficio y apreció mucho a los clientes. “Me gusta atender mucho a mi público lo mejor posible”, destacó.
Actualmente tiene su local sobre calle Maipú 1469. “Arranco 9:30 hasta la 13 y después de las 17 hasta las 21 de la noche”, detalló.
Un apasionado que no deja la zapatería
Hace cinco años Eduardo se jubiló pero sigue también firme en su trabajo como cuando comenzó en 1973. “Yo no veo veo sin laburar esto es lo mejor a mí me encanta, me mantiene activo”, contó.
En su local arregla zapatos, zapatillas, valijas, bolsos, carteras, mochilas y otras cosas. “Lo que más me gusta a mí es arreglar zapatillas. Las costuras las hago a mano. Siempre hay que hacerle algo porque se rompen o en la punta o el costado”, señaló.
Eduardo detalló que cambia muchos fondos de zapatos y se realiza refuerzos.
En cuanto a los clientes comentó que siempre llega uno nuevo cada semana. “Ahora la cosa está complicada. Hay personas que arreglan, otros compran nuevo pero igual hay que hacerle algo como una media suela, las botas o el taco”, enumeró.
El zapatero señaló que no quedan muchos colegas en la ciudad. “A los más jóvenes no les interesa mucho aprender esto”, reflexionó.
Sin embargo él se mantiene fiel a su oficio y reconoce la buena respuesta de la gente. “A los clientes les agradezco su presencia, que vienen siempre, gracias a Dios vienen de una parte, de otra, siempre viene alguien”, expresó contento.