El jefe de cuartel de Bomberos: 26 años al servicio de Roca y una pasión que pasó a sus hijos
En el Día Nacional del Bombero Voluntario, el actual jefe del cuartel de General Roca repasó sus 26 años de trayectoria, el impacto de la institución en su vida y cómo una pasión que nació casi por casualidad terminó convirtiéndose en una tradición familiar.
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A mediados de 2000 y con apenas 17 años, Federico Brizuela pasó frente al cuartel de Bomberos Voluntarios de General Roca y vio una inscripción abierta para nuevos aspirantes. No había soñado desde niño con ser bombero ni imaginaba que esa decisión marcaría el rumbo de su vida durante las siguientes dos décadas y media. Sin embargo, aquel primer acercamiento fue suficiente para despertar una pasión que todavía hoy lo acompaña, ahora junto a sus dos hijos y su esposa.
Su propia familia vivió de cerca esa preocupación. Cuando era adolescente y salía de madrugada a incendios o accidentes, su madre permanecía despierta hasta verlo regresar. Eran tiempos sin teléfonos inteligentes ni mensajes instantáneos y la incertidumbre podía durar horas, de acuerdo con la emergencia a la que el joven Federico asistía.
"Me anoté y me enamoró", resumió Brizuela al recordar sus comienzos. Para poder ingresar debió ponerse al día rápidamente con las clases que ya habían comenzado. Su instructor, Feliciano Fernández, le planteó una condición: si estudiaba y aprobaba el examen, podría continuar en la academia. Federico lo hizo y desde entonces nunca se alejó de la institución.
Hoy, 26 años después, el actual jefe del cuartel atraviesa una etapa especial. En el acto por el Día Nacional del Bombero Voluntario reconoció que probablemente sean sus últimos actos como integrante del cuerpo activo. Aunque continuará ligado a la institución como instructor, considera que llegó el momento de dar paso a las nuevas generaciones. "Se vive con mucha emoción", admitió.
La decisión no fue sencilla, ya que durante más de dos décadas combinó su actividad como bombero con el trabajo, la familia y las responsabilidades de conducir una de las instituciones más importantes de la ciudad.
Federico no solo descubrió su vocación como bombero, sino que el lugar también moldeó su vida personal. Su esposa, Fernanda Navarrete, lo conoció cuando ya era bombero voluntario y durante años acompañó la actividad desde afuera. Con el tiempo decidió sumarse a la institución y hoy ambos comparten la misma pasión.
Sin embargo, la historia familiar no terminó allí. Las hermanas de Federico también se incorporaron a Bomberos después de verlo en actividad y actualmente sus hijos Zoe y Máximo comparten esa pasión. Crecieron rodeados de uniformes, sirenas y guardias. "Se hace una familia después de todo esto", aseguró.
Respecto a la responsabilidad como padre bombero, Federico explicó que muchas veces una emergencia lo obligó a dejar a los chicos con sus abuelos para salir de madrugada rumbo a una intervención. Sus hijos aprendieron desde pequeños que una alarma podía cambiar cualquier plan familiar en cuestión de segundos.
Máximo, el más pequeño, con apenas cinco años, ya asegura que quiere ser bombero forestal. Fascinado por los videos de brigadistas y helicópteros que combaten incendios en la cordillera, sigue cada historia con atención. Su hermana Zoe, por su parte, se convirtió en la fotógrafa oficial de la familia durante las actividades del cuartel.
A pesar del orgullo que siente, Brizuela prefiere no empujar a sus hijos hacia la misma elección. "Que elijan lo que quieran ser", sostuvo. Aunque reconoció que si alguno decide seguir sus pasos será un motivo de enorme satisfacción.
La vida de un bombero voluntario está lejos de ser sencilla. Brizuela reconoce que la actividad demanda sacrificios permanentes y que muchas veces obliga a resignar momentos importantes. "Esto enamora", suele advertir a quienes recién ingresan, para también recordarles que esa pasión puede absorber gran parte del tiempo personal si no se encuentra un equilibrio.
Como jefe del cuartel, además, la responsabilidad creció todavía más. Desde la incorporación de equipamiento hasta la compra de nuevas unidades, pasando por decisiones operativas y estratégicas, gran parte de las decisiones importantes terminan pasando por su escritorio.
"Eso desgasta", reconoció. Por esa razón decidió prestar especial atención a su salud mental y comenzar un acompañamiento profesional. Considera que quienes ocupan cargos de conducción en instituciones tan exigentes deben estar preparados también para gestionar el impacto emocional de las decisiones diarias.
A lo largo de su carrera le tocó intervenir en situaciones difíciles, accidentes y tragedias. Sin embargo, Brizuela prefirió quedarse con los momentos positivos: las familias agradecidas, los vecinos que recuerdan una ayuda recibida o los chicos que lo miran con admiración.
Y es en los niños donde encuentra una de las mayores recompensas. Cada visita escolar al cuartel o cada encuentro comunitario le recuerda el lugar que ocupa la institución en la sociedad. "Los chicos te ven como un héroe", contó.
A pesar de todo lo vivido, Brizuela no dudó cuando se le preguntó si volvería a elegir el mismo camino. Aunque jamás soñó con ser bombero cuando era niño y su ingreso fue producto de una casualidad, asegura que no cambiaría nada. "No me arrepiento de nada, lo volvería a elegir porque me dio todo", afirmó.
Mientras comienza a imaginar una nueva etapa menos ligada a las guardias y las intervenciones, sabe que seguirá conectado al cuartel que marcó gran parte de su vida.