ALERTARON SOBRE LA INFLACIÓN
La ONU recortó la proyección de crecimiento global por la guerra en Medio Oriente
El mundo observa con atención el reciente anuncio de la Organización de las Naciones Unidas (ONU), que ha decidido revisar a la baja sus expectativas de crecimiento para la economía mundial hacia el año 2026. Este ajuste responde al impacto directo del conflicto en Medio Oriente y la crisis energética resultante que amenaza con golpear significativamente los mercados globales.
El último informe de la ONU sobre la Situación y Perspectivas de la Economía Mundial ha encendido una alarma que no puede pasarse por alto: un pronóstico de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB) global que ha sido recortado para situarse en un exiguo 2,5% para 2026, por debajo de la cifra inicial de 2,7%. No obstante, las implicaciones van más allá. En un posible escenario adverso, la economía podría ralentizarse todavía más, anotando apenas un 2,1%, lo que podría equipararse al shocks económicos vividos en la última crisis financiera mundial y los cierres pandémicos.
Shantanu Mukherjee, quien dirige análisis económico en el Departamento de Asuntos Económicos y Sociales de Naciones Unidas, ha querido restar aprehensión a las cifras, asegurando que, aunque distante, una recesión global sigue siendo una posibilidad remota. Sin embargo, la amenaza permanece presente, y puede traducirse en consecuencias desestabilizadoras para millones a nivel mundial si factores como el petróleo continúan obstruyendo el camino.
La raíz del problema es clara. Desde que a finales de febrero estallara la serie de ataques entre Estados Unidos e Israel sobre suelo iraní, y con ello, el consabido bloqueo del estrecho de Ormuz por parte de Teherán ”un conducto vital por el que transita el 20% de los recursos de petróleo y gas mundialmente consumidos” el transporte y el comercio internacional encaran problemas en alza. Esto daña no solo a los actores directamente involucrados, sino a todo un ámbito económico global complejo de circunstancias interconectadas.
La proyección es aún más sombría en materia inflacionaria. Anticipándose a un clausurado mercado energético, las esperanzas globales de reducir la inflación para 2026 contemplan actualmente una elevación hasta el 3,9%, un número que evidencia un barrera difícil de frenar para las economías impulsadas por el costo energético. El alza incide sobre múltiples sectores críticos como la producción industrial y transporte, así como disruptivos cambios logísticos y marítimos.
Empero, los efectos negativos no se reparten de manera uniforme a nivel mundial. En Europa, calificada por el documento de la ONU como una de las regiones más susceptibles a los costos energéticos escalados, el PIB decaería de 1,5% en 2025 a un desgastado incremento de solo 1,1% para el 2026. Reino Unido, particularmente, podría ver una semiparalización de su economía a un leve 0,7%, lo que complica su ya fragilizada posición pos Brexit.
Asia occidental, que una vez prosperó a ritmos expansivos, ahora debe hacer frente a probables perturbaciones inflacionarias agresivas y una casi parada total del crecimiento desde un 3,6% anterior. La situación no es sostenible, y aunque desconocemos el rosto del desenlace, es vital emprender medidas estratégicas y multilaterales que alivien las tensiones actuales para realzar la estabilidad mundial.