Casa de la Cultura cumple 54 años: la historia de un "pilar" que resiste y se proyecta hacia el futuro
Hay lugares que se vuelven paisaje, pero en General Roca, la Casa de la Cultura (CDC) es mucho más que un edificio en la calle 9 de julio: es un organismo vivo que respira arte desde hace más de medio siglo.
Al cumplirse 54 años de aquel 7 de mayo de 1972, sus protagonistas se detienen a mirar el camino recorrido, marcado por la resistencia, la gestión comunitaria y una identidad que sobrevive a cualquier crisis.
Para Sergio Mondaca, actual coordinador de la institución, y José Ducca, histórico referente del área técnica con casi cuatro décadas en la casa, el aniversario no es solo una fecha en el calendario, sino la validación de un rol social fundamental: ser espacio de expresión y encuentro para el disfrute y la producción artística.
El legado de los fundadores: "Ladrillo a ladrillo"
La historia comenzó con una visión futurista. Tilo Rajneri, junto a un grupo de vecinos y comerciantes, impulsó un proyecto que en 1973 se institucionalizó como asociación civil.
"Cuentan que lo veían a Tilo caminando y muchos disparaban porque sabían que les iba a pedir algo para la Casa; no te dejaba otra posibilidad", relatan entre risas durante la entrevista.
Aquel edificio de 3.600 metros cuadrados se construyó con el aporte de "mecenas" locales y vecinos que pusieron su grano de arena.
Nombres como Carmelo Scala, Gladys Aristimuño, la "Negrita" Jerónimo o los primeros coordinadores como Alberto Brandi y Cordi, forman parte de un cimiento que hoy sostiene a una comunidad de trabajadores y artistas. También hubo una pausa en la conversación con ANRoca para reconocer el aporte siempre presente de Carlos "Archi" Isla, quien falleció hace unos días y fue de los empresarios de Roca que colaboraron con la Casa.
"La historia no la podés cambiar, pero sí el presente y el futuro. Hoy somos un equipo de trabajo que va más allá de las jerarquías", reflexiona Mondaca.
José Ducca, quien ingresó en 1987, recuerda con nostalgia los tiempos en que el edificio albergaba al INSA (actual IUPA). "Cuando se fueron a su nuevo edificio, quedó todo pelado; había que andar llevando sillas de un aula a otra para cubrir los espacios de los alumnos. Fue un golpe, pero la Casa se repuso", recuerda.
Resiliencia ante la crisis
La Casa atravesó los momentos más oscuros de la economía argentina: las crisis del 89, el 2001 y, más recientemente, una situación de pandemia y salas cerradas en 2020. Mondaca describe la etapa iniciada en 2020 no solo como un cambio de nombres, sino como un proceso profundo de saneamiento y puesta en valor.
Sergio y José cuentan que al asumir la coordinación, el equipo se encontró con un escenario administrativo de gran complejidad, donde el equilibrio financiero de la institución atravesaba una etapa sumamente delicada. Lejos de claudicar ante las dificultades de aquel momento, la gestión actual optó por transformar esa incertidumbre en un motor de reconstrucción: durante los meses de puertas cerradas por la pandemia, se enfocaron en ordenar las cuentas y establecer planes de pago que permitieran fortalecer el área contable. Ese esfuerzo de transparencia y orden es el que hoy permite que la Casa no solo cumpla con sus responsabilidades mensuales, sino que albergue a más de 70 familias que encuentran allí su sustento y su espacio de expresión.
El arte como necesidad primaria
En tiempos donde se debate la "batalla cultural", la CDC se planta como una institución autárquica y ajena a los vaivenes político-partidarios. Para sus referentes, la comunidad debe apostar al arte precisamente en momentos de crisis porque es lo que permite "canalizar emociones y reflexionar".
"Nos quieren hacer creer que el arte y la cultura no sirven, pero es fundamental para la vida", sostiene Mondaca. Además, destaca que la función de la Casa excede lo que sucede sobre el escenario: "Saber que Casa de la Cultura puede hacer un acopio de leña, de abrigo o de útiles para los barrios también es cultura. La cultura está firme y va a estar siempre firme".
Un sábado de festejos y renovaciones
Como parte de este aniversario número 54, la Comisión Directiva invita a los vecinos a un evento especial este sábado 9 de mayo a las 21:30 en la sede de 9 de julio 1043.
La celebración será la excusa perfecta para realizar un brindis conmemorativo con socios y amigos de la casa, reinaugurar el espacio gastronómico, una mezcla de sabores para la vida social de la Casa y presentar las recientes remodelaciones edilicias que buscan poner en valor la construcción original, manteniendo la esencia de sus salas pero actualizando la infraestructura técnica.
La invitación está abierta para toda la comunidad de Roca y el Alto Valle, reafirmando que, a pesar de los altibajos, la Casa de la Cultura sigue siendo el lugar de encuentro donde el arte se vuelve hogar.
Celebrar más de medio siglo de la Casa de la Cultura es también habitar el recuerdo compartido de varias generaciones de roquenses. Es volver a ver a Tilo Rajneri recorriendo las calles con la urgencia de quien construye un sueño a impulso de otros sueños más grandes, es sentir el peso de la historia en las butacas originales que vieron nacer al INSA y es, sobre todo, reconocerse en el abrazo de una comunidad que siempre ha custodiado este refugio.
Porque la "Casa" no es solo un edificio de 3.600 metros cuadrados; es el eco de cada aplauso, el aroma inconfundible del escenario, el piso de madera dado vuelta para la próxima función... y esa puerta siempre abierta sobre la calle 9 de Julio que nos recuerda que, a pesar de los inviernos y las crisis, el arte sigue siendo un lugar de encuentro sincero y reconfortante.