La Biblioteca Julio A. Roca cumple 90 años: memoria, resistencia y un refugio en medio del ruido
En 1936, cuando Roca todavía buscaba consolidar su vida cultural, un reclamo comenzó a tomar forma y fuerza: hacía falta una biblioteca y un colegio secundario. De ese impulso colectivo nació la Biblioteca Popular Julio A. Roca, que este 29 de abril celebrará sus 90 años convertida en una de las instituciones más emblemáticas de la ciudad.
“Las nueve décadas pasaron desde ese 1936 donde tanto se pedía que en Roca hubiera una biblioteca y un colegio secundario”, cuenta Irene Corradi, hoy tesorera de la institución y parte de su historia desde hace más de 30 años. “Todo nace de ese gran movimiento cultural y de la importancia que tenía la lectura en el pueblo”.
A lo largo del tiempo, la biblioteca atravesó mudanzas, cierres y reaperturas hasta consolidarse en su actual edificio frente a la plaza. En ese recorrido, también fue punto de partida para otras instituciones culturales de peso como el Museo Lorenzo Vintter, el Colegio Nacional y la Casa de la Cultura.
Hoy, entre sus estanterías, se guardan cerca de 90 mil libros. Pero para quienes la sostienen, el valor es otro. “Son noventa mil libros, pero también son noventa años de historia de la gente que ha vivido acá”, resume Carlos Hernández, integrante de la comisión directiva.
Ese recorrido no estuvo exento de dificultades. Como toda biblioteca popular, su funcionamiento depende casi exclusivamente del aporte de sus socios y del trabajo voluntario. “Esto es una asociación civil sin fines de lucro, se mantiene con la cuota del socio. Y eso es lo que hace que dure tanto tiempo, porque todo se hace desde el corazón y a pulmón”, explica Corradi.
Hernández lo traduce en una frase más directa: “Todo se hace más con voluntad que con herramientas”.
La llegada de la pandemia y un nuevo desafio, la superviviencia
La pandemia fue uno de los golpes más duros de los últimos años. La biblioteca permaneció cerrada durante meses y perdió parte de sus ingresos.
“Teníamos 600 socios o más, bajamos a 400. Y cuesta muchísimo volver a subir. Hoy estamos en unos 500”
Frente a ese escenario, la respuesta volvió a ser la misma de siempre: adaptarse. “Siempre nos vamos a reinventar”, dice Corradi. Hoy funcionan más de 15 talleres, además de otras actividades que permiten sostener la institución. “Siempre tratamos de brindar un servicio y de ese servicio sacar un poquitito para seguir manteniendo. Todo se paga con plata de los socios: la luz, el gas, todo”, resaltan ambos.
“La lucha es del día a día”, agrega Hernández. “La ayuda oficial puede aparecer, pero son como senderitos. El camino principal lo hacemos nosotros”.
Convertirse en un ancla en medio de la era digital
En ese presente también aparece el desafío de lo digital. “No todo lo que está en Internet es verdadero”, advierte Corradi. “Nosotros ayudamos a buscar las fuentes, a verificar lo que se encuentra”. Aun así, ambos coinciden en que el libro en papel mantiene su lugar. “El que ama la literatura casi siempre va al libro”, dice Hernández.
Y hay un dato que rompe con ciertos prejuicios: “Muchos piensan que viene gente grande, pero los que más compran en las ferias de libros usados son jóvenes. Y de los jóvenes, mayoritariamente mujeres”, señala.
Más allá de los cambios tecnológicos, hay algo que no se modifica: el sentido del espacio.
“Las bibliotecas son uno de los últimos refugios que tiene una sociedad tan exigente y a veces un poco furiosa como la actual. Acá hay paz, hay silencio”, reflexiona Hernández.
Ese espíritu se sostiene también en propuestas que la biblioteca ofrece como “Palabras Mayores”, donde la lectura se comparte. “Leer para el otro es un acto de amor”, dice Hernández, retomando una idea que atraviesa la experiencia. “Uno lee y el otro escucha, y después aporta desde lo que vivió o leyó”.
Los libros que se salvaron de la quema de la dictadura
La historia de la biblioteca también guarda episodios que hablan de otras épocas del país. Durante la última dictadura militar, por ejemplo, recibieron un listado de libros que debían ser retirados. “Se separaron y quedaron en cajas, pero nunca los vinieron a buscar”, recuerda Corradi. “Así que se salvaron”.
Menciona que con el regreso de la democracia, los ejemplares volvieron a estar presentes dentro de la biblioteca. Junto a Carlos, intentan entender porque muchas de esas obras literarias eran prohíbidas. "Uno de los que se encontraba en la lista era Matemática de conjunto, y estaba ahí por la palabra conjunto, como ellos buscaban la individualidad, era una cosa que no podías hacer en el pueblo. Entonces quedó prohíbido como cualquier libro que tuviera la palabra conjunto", intenta explicar Carlos.
La biblioteca como escenario de encuentros, unión y destino
A lo largo de las décadas, el espacio también fue mucho más que un lugar de lectura. “En los 80 se formaban parejas acá”, cuenta entre risas. Hoy, aunque las dinámicas cambiaron, sigue siendo un punto de encuentro.
Corradi lo vive en primera persona. Llegó en 1992, cuando la biblioteca aún funcionaba en calle Sarmiento. “Me convencieron de venir y fue algo muy lindo en mi vida. Es distinto trabajar en una biblioteca abierta al público, con todo tipo de gente, con distintas edades, culturas… es una amplitud enorme”, recuerda.
Hernández, en cambio, llegó como lector. “Hace 18 años vine a conocer la biblioteca y lo primero que hice fue hacerme socio”, cuenta. Con el tiempo se involucró en la comisión y llegó a ser presidente, sumandose al esfuerzo, trabajo diario y pasión por mantener vivo a uno de los principales pilares de la vida cultural roquense
Acto oficial por los 90 años
El próximo 29 de abril, desde las 10, la Biblioteca Julio A. Roca celebrará sus 90 años con un acto abierto a toda la comunidad, que incluirá presentaciones artísticas y actividades especiales.
Será una celebración, pero también una confirmación: en medio de los cambios, de la urgencia y del ruido, hay lugares que siguen resistiendo. Y que, como hace nueve décadas, todavía apuestan a lo mismo: la lectura, el encuentro y la comunidad.