“Violencia con violencia no resuelve nada": recomendaciones de una psicóloga para las familias ante casos de bullying
Frente a situaciones de bullying en las escuelas, una de las primeras reacciones de los padres suele ser la indignación. El impulso de intervenir de manera directa, incluso con enojo o confrontación, aparece como una respuesta lógica ante el sufrimiento de un hijo. Sin embargo, especialistas advierten que ese camino, lejos de resolver el problema, puede profundizarlo.
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“Violencia con violencia no resuelve nada”, remarcó la psicóloga Julieta Cárdenas, quien trabaja con niños y adolescentes en General Roca y observó un crecimiento sostenido de estos casos en los últimos años. Según explicó, cuando un chico sufre acoso escolar, la prioridad debe ser la contención emocional. Escuchar, creerle y validar lo que le pasa es el primer paso, según detalló. “Muchos padres llegan muy angustiados, con enojo, con ganas de ir a la escuela a reclamar de forma inmediata. Eso es entendible, pero hay que canalizarlo de otra manera”, señaló.
En ese sentido, recomendó a las madres y padres evitar respuestas impulsivas o agresivas, ya que pueden tener un efecto contraproducente. Incluso, advirtió que la intervención directa de los adultos en la escuela puede dejar aún más expuesto al niño o adolescente que sufre bullying.
“Cuando los padres van a plantear el problema, muchas veces el chico queda más señalado. Termina recibiendo más presión o más burlas por parte de sus compañeros”, explicó. Cárdenas planteó que el abordaje debe ser cuidadoso y progresivo. En lugar de reaccionar con confrontación, sugirió abrir canales de diálogo con la institución educativa y buscar estrategias conjuntas que no expongan al alumno.
Al mismo tiempo, destacó la importancia de fortalecer la red de contención del chico que sufre bullying. “Es clave que tenga un lugar seguro donde pueda hablar, puede ser la familia, pero si eso no alcanza, también pueden ser espacios como actividades deportivas o referentes adultos de confianza”, indicó.
Otro punto clave para aquellos familiares que ven que un niño o niña sufre acoso en las aulas es no minimizar la situación. Cambios en el comportamiento, bajo rendimiento escolar, aislamiento o faltas reiteradas pueden ser señales de alerta. “Antes de que aparezca la violencia, siempre hay indicadores. El problema es que muchas veces se llega tarde”, sostuvo.
Según explicó la psicóloga Julieta Cárdenas, el bullying no debe entenderse solo como una conducta aislada, sino como la expresión de conflictos más profundos. En muchos casos, los niños que ejercen violencia también atraviesan situaciones difíciles en sus propios entornos, como problemas familiares, falta de contención o dificultades emocionales que no logran canalizar de otra manera.
“Terminan agrediendo porque es la forma que encuentran de expresar lo que les pasa”, sostuvo, al remarcar que por eso el abordaje no puede centrarse solo en sancionar, sino en comprender el contexto y trabajar de manera integral con equipos que trabajen en las escuelas.
En relación al abordaje que se le da en las escuelas a los casos de acoso, advirtió que muchas instituciones educativas no cuentan con herramientas suficientes, mientras que el acceso a atención psicológica sigue siendo limitado. “Hoy una maestra tiene que manejar un montón de situaciones para las que no está realmente preparada, no se le debe pedir mucho más”, afirmó Cárdenas.
Para no "dejar pasar" las alertas de los niños que sufren acoso, Cárdenas remarcó que muchos chicos desarrollan síntomas de ansiedad. Entre los más frecuentes mencionó la inquietud constante, temblores, sensación de opresión en el pecho, pensamientos repetitivos o dificultad para concentrarse.
Si bien algunas crisis pueden ser momentáneas, insistió en que deben ser atendidas. “No es sacarlos del aula porque molestan, sino acompañarlos, entender qué les pasa y darles herramientas”, explicó.
En un problema que viene hace tiempo y sin soluciones rápidas, la psicóloga insistió en que el rol de los padres es central, pero debe estar guiado por la calma y la contención. Escuchar sin juzgar, evitar respuestas violentas, buscar ayuda profesional cuando sea posible y trabajar en conjunto con la escuela aparecen como los pilares para enfrentar una problemática que, según advierten, crece en las aulas de Roca.