"Llevo 49 años siendo hijo de desaparecido": la historia de Mateo Canosa, un docente de la ciudad
A un día del 24 de marzo, cuando se conmemoran 50 años del último golpe de estado en Argentina, ANR dialogó con Mateo Canosa, vecino de General Roca desde hace más de 30 años y docente de nivel medio. Su padre, Luis Canosa, fue secuestrado y desaparecido durante la última dictadura militar cuando él tenía apenas dos años.
Mateo Canosa tenía dos años cuando su padre fue secuestrado y desaparecido por la última dictadura civico-militar. El hecho ocurrió el 15 de marzo de 1977 en Buenos Aires, cuando su madre estaba embarazada de nueve meses. Apenas seis días después, el 21 de marzo, nació su hermana, Malena Canosa. En medio del terrorismo de Estado y con su padre ya desaparecido, su madre quedó sola con dos hijos pequeños, una situación que meses más tarde derivó en el exilio de la familia hacia Uruguay y luego a España.
En dialogo con ANR, Mateo Canosa, que llegó a Roca hace más de 35 años, se refirió al contexto actual, al resurgimiento de discursos que relativizan lo ocurrido durante la última dictadura, cómo lo sensibilizan las fechas de conmemoración y su llegada a la ciudad.
La historia de su familia está atravesada por la represión de la dictadura. Su padre era militante de la Juventud Trabajadora Peronista y fue secuestrado el 15 de marzo de 1977 en Buenos Aires. En ese momento, su madre, Alicia Presti, estaba embarazada de nueve meses. Mateo explica que su madre es socióloga y durante los años 70 fue militante política. Al igual que el padre de Mateo, integraba la organización peronista Montoneros.
Según explicó Mateo, durante años la familia mantuvo la esperanza de volve a ver a Luis Canosa con vida. Con el tiempo supieron que había estado detenido en la Escuela de Mecánica de la Armada (ESMA), uno de los centros clandestinos más emblemáticos del terrorismo de Estado. Según pudieron reconstruir, luego de ser capturado y torturado durante más de un año, fue víctima de los llamados “traslados”, vinculados a los "vuelos de la muerte".
Tras el secuestro, su madre decidió exiliarse junto a sus hijos. Primero se trasladaron a Uruguay y luego a España, donde vivieron durante más de una década. Mateo tenía apenas dos años cuando se fue del país y creció en Valencia. “Aprendí a hablar en España, pero nunca nos sentimos españoles. Siempre supimos que éramos argentinos”, recuerda.
Señaló que muchas veces las dudas sobre las cifras de desaparecidos y la dictadura que cuestionan la historia en el último tiempo, puede surgirle a personas comunes que no vivieron ese período, le preocupa especialmente cuando esas posturas provienen de dirigentes con responsabilidades de gobierno.
En ese sentido, cuestionó los planteos que hablan de una “historia completa”, al considerar que en muchos casos funcionan como una forma de justificar o relativizar el accionar de la dictadura. “No es lo mismo una persona que tiene preguntas genuinas que alguien que conoce la historia y decide posicionarse defendiendo ese período”, sostuvo.
“Los que ponen en duda lo que pasó suelen ser más los adultos que los jóvenes”, reflexiona. Desde su experiencia en el aulas, advierte que entre los estudiantes existe un nivel creciente de desconocimiento sobre la historia reciente del país. Sin embargo, también rescata una mirada positiva. “Los valores por los que luchó aquella generación siguen estando en los jóvenes. Son solidarios, empáticos, muchas veces más de lo que se dice”, asegura.
La familia regresó a Argentina en 1989, cuando la democracia ya llevaba algunos años. En un principio pensaban instalarse nuevamente en Buenos Aires, pero luego de encontrarse a un conocido roquense con el que habian charlado en España, llegaron al Valle. Llegaron de manera provisoria, pero luego de que su madre consiguiera trabajo como docente en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales, ya se quedaron en el Alto Valle.
Mateo Canosa, profesor de nivel medio y director de un establecimiento en Allen, explica que él también eligió la docencia y desde allí intenta aportar a la construcción de memoria, afirmando que durante mucho tiempo evitó hablar públicamente de su historia familiar, pero decidió hacerlo cuando entendió que las nuevas generaciones necesitan conocer relatos concretos para dimensionar lo ocurrido.
“Las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo levantaron estas banderas cuando casi nadie las levantaba. Hoy muchas de ellas ya no están y, de alguna manera, a los hijos nos toca continuar con esa tarea de mantener viva la memoria”, señala. A casi medio siglo de la desaparición de su padre, Mateo sostiene que el dolor no es solamente individual. “A veces se habla de los 30 mil desaparecidos, pero en realidad la dictadura golpeó a toda la sociedad. Las consecuencias políticas, sociales y económicas las seguimos viviendo todavía”, reflexiona.
En su vida cotidiana, intenta transmitir esa historia también a sus hijos, aunque respetando sus tiempos. “No quise imponerles nada. Dejé que ellos vayan construyendo su identidad de manera natural”, explica. Este año, su hija menor decidió participar por primera vez de la marcha del 24 de marzo junto a sus compañeros de escuela.
“Desgraciadamente ya llevo muchos años siendo hijo de desaparecido. Son cuarenta y nueve años en la espalda…”
Canosa explicó que que cada marzo es un mes especialmente movilizante para él y su familia. Explica que no solo el 24, sino todo el período previo suele estar atravesado por recuerdos y emociones vinculadas a la historia de su padre. Mateo confirmó que muchos años evitó hablar públicamente del tema, pero con el tiempo entendió que compartir estas historias también es una forma de mantener viva la memoria. “Todo el mes es difícil”, admitió.
Para él, esa decisión tiene un significado especial: demuestra que, pese al paso del tiempo, la memoria sigue encontrando nuevas formas de expresarse.