La cooperativa textil de Roca que estuvo al borde del cierre: “Seguimos resistiendo porque es nuestro trabajo y el de nuestras familias”
La Cooperativa de Trabajo Septiembre Textil nació en 2009, cuando varias costureras que trabajaban de manera independiente decidieron unirse para organizar su actividad y acceder a proyectos más grandes. Al día de hoy, la cooperativa da trabajo a 13 mujeres, entre costureras, encargadas del corte y confección de ropa y de las ventas al público.
Lee también: A 50 años del golpe cívico-militar: ¿a qué hora será la marcha por el 24M ?
Con los años, el grupo fue cambiando, con algunas bajas y nuevas incorporaciones, pero hoy la cooperativa está integrada por 13 asociadas, que sostienen el espacio entre producción, ventas y organización. “Una compañera ya tenía un taller familiar al lado de su casa y propusimos organizarnos como cooperativa para tener un marco legal y potenciar el trabajo textil”, recordó en diálogo con ANR Marcela Navratil, una de sus fundadoras.
Para empezar, cada una aportó sus propias máquinas y herramientas, además de sumar maquinaria a través de subsidios. “Muchas teníamos un tallercito en casa. Trajimos nuestras máquinas en comodato y así arrancó todo”, contó Marcela. Actualmente, siete de ellas trabajan en el taller, mientras otras se encargan del local o de la comercialización.
En su local, ubicado en la terminal de la ciudad, ofrecen camisas de gamuza en liquidación a $15.000 y remeras con diseños propios inspirados en la flora del Valle a $25.000. También confeccionan ropa urbana, prendas para bebés y realizan pedidos especiales como camperas de egresados o trabajos para organizaciones.
Respecto a cómo está la situación actual, afirman que los precios bajos en sus productos se deben a la necesidad de reactivar las ventas. “Decidimos bajar los precios porque sabemos que las prendas valen más, pero también necesitamos vender. Hubo meses donde las ventas del local cayeron muchísimo”, explicó en diálogo con ANR la presidenta de la cooperativa, Chiara La Rosa.
Además del trabajo de producción y venta de ropa, la cooperativa impulsó capacitaciones gratuitas en el uso de máquinas industriales, con el objetivo de sumar más personas al oficio. Según explicó La Rosa, muchas costureras saben manejar máquinas familiares, pero las industriales requieren otra técnica. Por eso, decidieron abrir instancias de formación para quienes quisieran aprender y, eventualmente, integrarse al taller.
El último tiempo fue especialmente difícil para el grupo. Según relató la presidenta, durante el año pasado incluso llegaron a debatir la posibilidad de cerrar debido a la fuerte caída del trabajo. “Venimos de un año donde estuvimos hablando seriamente de cerrar. La crisis en la industria textil también nos llega a nosotras”, señaló. Entre los factores que más impactaron, afirmó que la baja de ventas se debe, en parte, a la competencia con prendas importadas y a los altos costos de sostener el local y la estructura de la cooperativa.
“Hoy hay ropa muy barata que viene de afuera. Sabemos que eso muchas veces se sostiene con trabajo muy precarizado, y con esos precios es muy difícil competir”, explicó. Sin embargo, también encontraron una oportunidad en algo que el mercado importado no puede resolver: la confección a medida y la variedad de talles. “Una clienta que intentó importar ropa tuvo problemas con los talles. Ahí aparece nuestra ventaja: podemos hacer prendas que no se consiguen en esas páginas”, agregó Chiara.
Sin embargo, no es la primera vez que atraviesan una situación límite dentro de la cooperativa. En 2013 sufrieron un incendio total cuando funcionaban en Cipolletti, donde perdieron máquinas, telas y stock de uniformes que tenían que entregar. A pesar de todo, el proyecto continuó. Con el tiempo también se mudaron a Roca, en parte por los altos costos de alquiler en la ciudad vecina.
Además de coser, las integrantes de la cooperativa tuvieron que aprender a gestionar un emprendimiento. “Muchas salimos del secundario y no tenemos formación en administración de empresas. Pero una cooperativa también es una empresa”, explicó La Rosa. Parte de la maquinaria que utilizan fue adquirida gracias a un subsidio del Instituto Nacional de Asociativismo y Economía Social (INAES), mientras que otras herramientas y remodelaciones fueron financiadas por las propias trabajadoras.
Hoy, el desafío principal es sostener el trabajo día a día. Para ello, las mismas integrantes de la cooperativa recorren colegios de Roca y ciudades cercanas para conseguir nuevos pedidos y sostener la actividad. “En diciembre no teníamos ningún trabajo. Ahora se movió un poco más porque salimos a reunirnos con colegios y a ofrecer las camperas de egresados”, contó.
Respecto al futuro de la cooperativa, afirman que, aunque actualmente tienen trabajo, no es una constante, por lo que deciden enfocarse en el día a día y no proyectar a largo plazo. “La verdad es que hoy pensamos más en la semana o en el mes que en el futuro. Pero seguimos resistiendo, porque este es nuestro trabajo y el de nuestras familias”, concluyó.
El espacio funciona de lunes a viernes de 9 a 14:30, y los lunes, miércoles y viernes también de 17:30 a 20:30. Allí trabajan parte de las integrantes de la cooperativa, mientras otras se encargan de la producción en el taller o de las ventas externas.