2026-02-15

Cumpa Tambores: la luthería que hace sonar el candombe roquense y sueña con crecer

Se trata uno de los ocho finalistas del concurso Ideas Emprendedoras que se definirá en la Fiesta Nacional de la Manzana.

En un galpón que huele a madera recién cortada y a historia compartida, los tambores empiezan a tomar forma. No salen de una fábrica en serie ni llegan en encomienda desde lejos: nacen en Roca, entre herramientas industriales, paciencia y oído fino. Ahí funciona Cumpá Tambores, el emprendimiento de luthería artesanal que impulsa Pablo Limonao y que hoy es uno de los ocho finalistas del Concurso Ideas Emprendedoras, promovido por el Municipio a través de USEP, en el marco de la próxima edición de la Fiesta Nacional de la Manzana.

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La noticia le llegó el año pasado, casi en silencio. “Cuando recibí la noticia, fue buenísimo porque quedaron muy pocos”, recuerda. De los 80 proyectos que se presentaron, solo ocho alcanzaron la instancia final. Para participar, el emprendimiento debía demostrar un “triple impacto”: no solo económico, sino también social y sostenible. Y ahí es donde la historia de Cumpá Tambores encuentra su sentido más profundo.

Pablo resultó ser uno de los ocho emprendedores que quedó finalista. Foto: Tania Domenicuccic

El vínculo con USEP se volvió más cercano con el tiempo. A partir de ese contacto, Pablo fue convocado a integrar el Consultorio de Diseño que desarrollan junto a la Universidad Nacional de Río Negro, donde estudiantes avanzados de Diseño Gráfico y Audiovisual asesoran a emprendedores locales. “Habían elegido mi proyecto también para ver si las estudiantes podían hacer un trabajo con ese proyecto. Y eligieron seis emprendedores, entre ellos estaba yo. Y ahí conocí otra etapa del laburo mío que le tengo que prestar atención”, cuenta. Ese proceso lo llevó a mirar con otros ojos la comunicación y las redes sociales como una herramienta clave para mostrar su trabajo.

Todo comenzó con su incursión en el candombe. Foto: Tania Domenicucci

Pero la historia de Cumpá Tambores nació mucho antes, mucho más atrás que cualquier concurso. Se remonta, al menos, a 2015, aunque en realidad arrastra casi dos décadas de candombe en la ciudad. “Los tambores de candombe llevan mucho tiempo acá, más de 20 años. Somos uno de los precursores y fundadores de este género acá”, explica. Fue parte del primer grupo local, Lonja de Fiske, y actualmente integra Laguante Candombe. En aquellos años, conseguir un tambor implicaba pedirlo a Buenos Aires o La Plata y esperar meses. “A mí me tardó un año”, dice.

La necesidad fue el punto de partida. Su padre es carpintero y él creció entre máquinas industriales, aprendiendo el oficio con respeto y cuidado. “Son máquinas industriales, entonces la atención tiene que estar ahí”, señala. Así comenzó, casi como una búsqueda personal, el camino de fabricar tambores en Roca. Al principio fue prueba y error: investigar qué madera usar, qué herramientas eran necesarias, cómo lograr la mejor sonoridad. También hubo intercambio con otros luthiers del país.Algunos nos pasamos información, data, conexión. En la Patagonia estoy yo y está otro luthier en El Bolsón, son los top. No somos muchos”, cuenta.

Con el tiempo, la técnica mejoró y los procesos se optimizaron. Hoy puede tardar alrededor de una semana en construir un tambor, aunque reconoce que aún le faltan herramientas que agilicen el trabajo.

El trabajo lo realiza en el taller de su casa y en la carpintería de su padre. Foto: Tania Domenicucci

En 2020, antes de la pandemia, participó de un proyecto nacional para artesanos que otorgaba financiamiento no reembolsable. Fue seleccionado. “Me dieron una plata importante, no lo podía creer, estaba saltando en una pata”, recuerda. Ese impulso económico le permitió invertir en su taller y profesionalizar aún más su producción.

Mientras tanto, su vínculo con la percusión seguía creciendo desde la docencia. Durante más de 20 años enseñó candombe en talleres y escuelas. “La percusión sonaba re bien, y todos los pibes querían tocar”, dice con orgullo. En Cervantes llegó a formar ocho murgas y participó con unos 40 chicos en un aniversario local, entre músicos, bailarines y banderas gigantes. En otra institución, dictó un taller de lutería donde los estudiantes construían cajones peruanos, los lijaban, los barnizaban y hasta intervenían artísticamente.

Sin embargo, los pedidos de tambores comenzaron a crecer. “Si hacía tres instrumentos, superaba ese sueldo”, admite. La decisión no fue sencilla: dejar la docencia en blanco, con sueldo fijo y aguinaldo, implicaba asumir un riesgo.

Dejé la docencia. Me dedico 100%, pero doy un taller municipal cultural todos los sábados. Dejé como medio angustiado también… pero son decisiones que tienen que ver con mi estado de felicidad”, confiesa.

Apostó por creer en su trabajo, en que estaba funcionando y en que “empiezan a suceder cosas hermosas”.

Esas cosas hermosas hoy se traducen en tambores que viajaron a Las Grutas, Viedma, Mendoza, Buenos Aires, Trelew y Puerto Madryn. Incluso, tres de sus instrumentos suenan en Mendoza. Pero para Pablo, el impacto va más allá de la venta. “No solamente es entregar un tambor, sino estar siendo parte de un proyecto cultural que se está formando en la ciudad”, sostiene. Porque cada instrumento habilita encuentros, ensayos, talleres, comparsas, comunidad.

Ha enviado tambores a distintas provincias. Foto: Tania Domenicucci

 

En la votación online del Concurso Ideas Emprendedoras, Cumpa Tambores ya suma apoyos desde distintos puntos del país e incluso desde Europa.Hay gente que me está votando en Mendoza, en Buenos Aires… grupos de candombe también”, cuenta. Aun así, reconoce el valor de los demás finalistas: “Vi los otros proyectos y están zarpados. Vale la pena que ganen. Cualquier emprendimiento que salga de la fuerza humana es importante sostenerlo”.

Para Pablo los tambores representan un aporte a la cultura local. Foto: Tania Domenicucci

 

Si resulta ganador, el objetivo es claro: realizar mejoras en la carpintería de su padre, el espacio donde hoy construye gran parte de sus tambores y donde comenzó todo.

Para Pablo, Cumpá Tambores no es solo un emprendimiento productivo. “Impacta positivamente en la comunidad porque fortalece la identidad cultural y promueve encuentros sociales, educativos y artísticos”, afirma

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