2026-02-07

RENACIMIENTO

Ernestina Pais expuso el momento más oscuro de su vida por las adicciones

Ernestina Pais expuso el peor momento de su lucha contra las adicciones: “Bebía llorando”

En el creciente mundo mediático podemos encontrar historias fascinantes, algunas de las cuales reflejan la lucha personal de quienes han estado en los focos de atención. En un contexto donde el brillo engañoso del espectáculo frequentemente opaca las difíciles batallas personales, la conocida conductora Ernestina Pais alzó su voz y compartió uno de los capítulos más desafiantes de su vida: su lucha contra las adicciones. En una entrevista reciente, Ernestina no se escondió detrás de las palabras, sino que abordó sin titubeos aquellas sombras de su pasado que tiempo atrás gobernaron su vida.

Recordando el periodo en que el alcohol se convirtió en su refugio ilusorio, describió un tiempo de llanto y dolor latente. Se atrevió a retroceder a aquellos días en los que bebía mientras las lágrimas corrían por sus mejillas, un grito silencioso que empezó desde su infancia, cargada por la falta de herramientas emocionales para enfrentar un dolor cada vez mayor. Este recorrido no surgió de la noche a la mañana, sino que fue el resultado de un proceso progresivo, erosionante, que construyó muros de angustia con los años. Como señala Ernestina, una de las características fundamentales que comparten los adictos es esa frustración que parece inabordable. Una montaña que, una vez superada, da rienda suelta a un dolor enloquecedor que empuja sin control hacia consumos autodestructivos, una anestesia física que busca en vano amortiguar heridas emocionales profundas.

Sin embargo, hubo un momento desgarrador pero crucial que marcó un cambio irreptable: su internación. Aunque se mostró reacia al proceso al principio, con el tiempo se abrazó a la necesidad de detener el vertiginoso descenso. En su paso por el centro especializado, enfrentó rigurosas y sinceras sesiones de terapia que le permitieron destapar y lidiar con múltiples capas de su historia personal que hasta ese momento quedaron oscurecidas por su dolor y el deseo de fuga.

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Al mismo tiempo, no dejó de lado su labor como madre, donde se enfrentó a la incertidumbre y el temor de exponer su fragilidad ante su hijo. La percepción de ser una madre internada que podría avergonzarlo, tejió uno de los momentos más duros del proceso. Sin embargo, fue aquí, navegando por esas aguas turbulentas de terapia donde llegó a comprender el poder transformador de compartir sus caídas y con ello inspirar. En cambio, lo que había sido una barrera emocional, se transformó en un trampolín hacia el entendimiento interno y hacia una relación más sólida con su entorno.

Gracias a la ayuda profesional y el apoyo incondicional de su familia, Ernestina logró resurgir y dar luz a su nueva forma de ver la vida. Visualizando este corolario de su historia, resulta imposible no resaltar la justicia que encontró en la separación de su antecedente adictivo, al envergadura excepcional que puso fin a todo el caos emocional enquistado y, esta vez, tomó riendas para continuar, íntegra y consciente.

Finalmente, al dar un paso atrás para observar el íntegro recorrido, su relato crudo y, por esto auténtico, representa una historia de reconstrucción más que de impactante y bombástico morbo. Ernestina País reflexiona sobre el proceso, ahora hallando un sentido sólido en su testimonio, iluminando el camino para quienes también intentan reencontrarse con ellos mismos después de dar una de las batallas más complejas. Su historia permanece como una herida abierta, un recordatorio de los obstáculos supervejés, pero también como un faro de esperanza: la promesa tangible de que sí hay salida; que se puede renacer aún de las cenizas más negras.

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