Mujeres misioneras de Roca viajaron a la Línea Sur y compartieron una semana con familias de la meseta
Con mochilas, carpas, bolsas de dormir y muchas ganas de compartir, un grupo de mujeres de Roca volvió a transitar los caminos de la Línea Sur rionegrina como parte del Grupo Misionero de la Familia Marianista, perteneciente a la Parroquia Cristo Resucitado.
La experiencia, que se repite cada año y desde hace más de dos décadas, tuvo lugar entre el 3 y el 10 de enero y volvió a poner en el centro el encuentro, la escucha y el acompañamiento a las familias que viven en los parajes de la región.
En esta oportunidad, siete mujeres participaron de la misión, recorriendo zonas como Chillaniyeu, Vista Alegre, Blancura Centro, Cerro Bayo y Cerro Quiero. En paralelo, durante la misma semana, otro grupo de la parroquia - integrado por el padre Manolo - realizó tareas misioneras en Naupa Huen, dentro del pueblo.
Los traslados entre los distintos parajes estuvieron a cargo de los padres Xavier, José, Juan Carlos y Martín, quienes oficiaron de choferes y acompañaron el recorrido por la meseta, donde las distancias y los caminos forman parte de la experiencia cotidiana.
“Nosotras vamos con nuestras carpas y bolsas de dormir. También llevamos comida, que compartimos y cocinamos junto a la gente que vive en los parajes”, contó Candela, una de las misioneras, que participa del grupo desde hace siete años. Como sucede en cada misión, el grupo se organiza para llegar a distintos puestos y, una vez en el lugar, compartir el día a día con las familias.
Durante las visitas, además del intercambio y la convivencia, las misioneras logran conocer de cerca la realidad de quienes habitan la Línea Sur. “En muchas ocasiones, durante la misión surgen necesidades concretas y luego, a lo largo del año, junto a otros grupos de trabajo de la parroquia, se busca la forma de acompañar con donaciones o aportes que realiza la comunidad de Roca”, explicó Candela.
La experiencia, aseguran, deja huella en ambos sentidos. “Es muy valiosa. Una se vuelve valorando todo lo que vivió esos días y no se dimensiona lo que se genera. El otro día nos escribieron para agradecernos la visita y nos contaban lo importante que es para las familias este vínculo que se construye a través de las misiones”, relató.
Desde el grupo misionero señalan que salir a caminar los parajes tiene también un sentido personal y colectivo: “ir dejando las cargas de lo cotidiano”. Pero, al mismo tiempo, en cada puesto visitado aparece con fuerza el sentido de pertenencia y de herencia. “Es ahí donde cada familia encuentra su lugar, su estar, a pesar de las carencias o las necesidades”, expresaron.
El vínculo no termina con el regreso a la ciudad. A lo largo de los años, el grupo fue sosteniendo el contacto con las familias de la meseta. Antes, cuando la conectividad era casi inexistente, las novedades llegaban una vez al año. Incluso, recuerdan, muchas veces se recurrió a la radio como forma de comunicación, un canal que aún hoy sigue siendo clave en la Línea Sur.
“Las familias nos recibieron con mucha alegría y buena energía. Compartimos mates, algunos almuerzos, y nos ponen al tanto de cómo estuvo su año: los animales, la familia, las cuestiones propias del campo”, compartieron desde el grupo.
Las fotos como videos y el testimonio de quienes participan de esta experiencia están publicados en la cuenta de instagram: misioneros.cr