Mujeres y madres que transforman: la historia de Alicia y el trabajo colectivo en Alta Barda
Alicia, junto a otras mujeres también madres, forma parte del Frente de Organización en Lucha (FOL), integrado en la Coordinadora por el Cambio Social. Desde allí sostienen un comedor y merendero en el barrio Alta Barda, donde cocinan todos los días para muchas familias que, en un contexto adverso, se suman a una demanda que no deja de crecer. Servir un plato de comida, algo tan básico y elemental, se vuelve un acto transformador.
En el barrio, Alicia comenzó a organizarse colectivamente hace unos ocho años, cuando la propuesta de armar algo comunitario apareció como una posibilidad concreta de generar cambios. “Se propuso cambiar un poco todo aquello que vivimos cada día”, indicó. Para estas mujeres, la solidaridad no era algo que se pudiera negociar, sino un valor que había que fortalecer con trabajo y compromiso.
Los primeros pasos fueron a través del comedor–merendero, donde la asistencia llegaba a muchas personas que habían quedado sin trabajo y que actualmente, continúa siendo la primera respuesta a la crisis alimentaria que en la mayoría de los casos, afecta a los más chicos.
El calor del fuego era el mismo que encendía las ganas de transformar la realidad. En su testimonio, Alicia deja en claro algo que, tras muchos años de trabajo colectivo, la reconforta: “La gente que antes se sentía olvidada empezó a sentirse acompañada”.
Respecto de la tarea de cocinar todos los días, asegura: “Se siente el impacto porque toda esa gente que va a buscar un plato de comida al merendero, te lo agradece”. Cuando se incorporó a la organización y comenzó con el trabajo comunitario, sus hijos ya estaban grandes. Alicia mencionó que eso ayudó a que pudiera involucrarse más: “Eso facilitó tener tiempo para diferentes actividades en el barrio”.
En 2016, también como parte de la organización, nació el proyecto “Albañilas”. Junto a otras 24 mujeres del barrio comenzaron a realizar trabajos de construcción. Levantaron el salón comunitario Ruka Newen y más tarde se ocuparon de refaccionar las viviendas de vecinos y vecinas que lo necesitaban.
“Formar parte de esa experiencia me dejó mucho orgullo hacia mi persona. Gracias a la albañilería pudimos levantar nuestras casas y la de gente que no podía pagar la mano de obra. Muchos ancianos olvidados, muchas madres solas con hijos. En lo colectivo me dejó mucha experiencia porque conocí a mucha gente, hice muchos compañeros y, gracias a que nos organizamos, pudimos hacer cosas muy lindas en el barrio”, comenta Alicia.
Para ella, la organización es la base para poder transformar la vida de los demás y, también, la propia. “Podemos cambiar, aunque sea un poquito, la vida de muchas personas que se sienten solas. Juntas y organizadas, todo es posible”, aseguró.