ESPECTÁCULOS
Fátima Flórez se cruzó con su ex en los Martín Fierro de Teatro y todo terminó en un momento incómodo.
La reciente entrega de los famosos premios Martín Fierro de Teatro se tornó en un escenario inesperado. Lo que normalmente es un evento dedicado a celebraciones artísticas y reconocimiento del talento sobre las tablas, este año tuvo una cuota extra de intriga y tensión debido a uno de los encuentros más esperados pero indeseados del año. Fátima Flórez, destacada artista del ambiente teatral, y su expareja Norberto Marcos se vieron nuevamente las caras, algo que no ocurría desde hacía más de dos años.
La historia de Fátima Flórez y Norberto Marcos, que en su momento fue ilustre y admirada, llegó a su fin con una ruptura abrupta, llena de roces legales pendientes. Por lo tanto, la sola idea de compartir un espacio, aunque enorme y concurrido como es una ceremonia de premios, resultaba temida para ambos. En medio de la alfombra roja del evento, la atención adquirió un tono diferente cuando Guido Záffora, carismático periodista de espectáculos, avivó la llama sobre lo que muchos consideraban un encuentro inevitable.
El periodista, con su agudo olfato para las exclusivas del mundo del espectáculo, detectó la proximidad entre el productor y su ex pareja casi inmediatamente. En lugar de abordar los proyectos profesionales que Norberto tenía con su acompañante Sofía, una de las integrantes del Dúo Glam, Záffora desvió hábilmente las preguntas hacia el tema más candente: el reencuentro con Fátima.
Aunque el productor intentó restar importancia al asunto asegurando que desconocía la presencia de Flórez en la premiación, no pudo evitar reflejar sombras de intranquilidad en su rostro. El ambiente comenzó a palpitar con cierta agitación y una promesa silenciosa, fomentada adicionalmente por la incansable energía de Záffora, de que el encuentro estaba destinado a suceder esa noche.
Sin embargo, y a pesar de los intentos algo insistentes del periodista, el cruce personal no se concretó. Tanto Fátima como Norberto mostraron determinación en evitar ajustar cuentas frente a los lentes críticos del espectáculo y sus seguidores. En cambio, la noche se transformó en un reflejo de que las viejas heridas a veces pueden ser más difíciles de sanar cuando el pasado y el presente chocan bajo los reflectores de la prensa especializada. Ni su presencia compartida ni su obvia tensión lograron opacar completamente el motivo de la velada: celebrar el teatro, aunque con un molesto recordatorio de la intensidad inherente al universo personal detrás de las bambalinas.