DESCUBRIMIENTO
Demolieron la casa de Gustavo Cerati: Cuál fue el escalofriante hallazgo
En el tranquilo y resguardado barrio de Coghlan, en la ciudad de Buenos Aires, una demolición común y corriente se convirtió en el centro de atención e insinuó un misterio insondable. Hace unos días, al comenzar la construcción de una nueva edificación donde solía erigirse el hogar del icónico músico Gustavo Cerati, un descubrimiento insólito sembró incertidumbre y avivó interrogantes: restos humanos emergieron del pasado, ocultos bajo capas de tierra y tiempo.
En la icónica dirección de Avenida Congreso al 3700, un trozo de tierra dejó al desnudo lo que pretendía permanecer sepultado. Obreros, acostumbrados a las sorpresas del subsuelo urbano, se encontraron ante un reto que involucraba a la historia, empeñado en mantener secretos inmutables que ahora yacían expuestos por el ciclópeo acto de la maquinaria de demolición. Huesos humanos, olvidados y extraños, salieron a la luz en lo que fuera el jardín de quien fue hace décadas uno de los mayores exponentes de la música latinoamericana. ¿Qué significaba este hallazgo? Los vecinos y un barrio entero tratan de encontrar la conexión entre los famosos ladrillos de aquella casa y los misterios que guardaba bajo su sombra.
Marina Olmi, hermana de Boy, último propietario conocido de la propiedad, describe una transición desconocida por los residentes contemporáneos. “La casa era sorprendente por su iluminación y calidez, he comprado este lugar con mi ex esposo hace 30 años, y nunca podríamos haber imaginado semejante hallazgo”, afirma con el tono de quien recuerda sus años amables en una propiedad con bandera de tiempos que transitan y nunca terminan. Además, añade un dato singular: “Solía haber una estructura de madera situada donde ahora se ve la pileta, algo sulfuroso guardando secretos ya ajenos para cuando llegamos a ocuparla”.
El domicilio tiene hundidas sus raíces en días aún más remotos. La genealogía del lugar evoca nombres casi olvidados como el de la anciana alemana, Olga Schuddekopf, cuyas reminiscencias se sumen ahora en la leyenda, pues anteriormente también hubo, muchos años atrás, un geriátrico, un establo y hasta algunas versiones indican la existencia de una capilla. Cuesta no dejar la imaginación correr con tales relatos, resplandecen ignotos nexos con el presente que inquietan al curioso observador.
Efectivamente, una sombra de misterio cubre esta casona de antaño, los sonidos rigurosos y nuevos recuerdan las historias contraída con el paso de más de un siglo, exudadas a través de ventanas que raras emisiones, insensibles tal vez al tiempo mismo pero no al ojo vacío que los ahora observa. Con el mismo cuidado con el que la luna inspecciona las noches terrenales fueron, esta vez, las autoridades quienes velaron por los detalles perdida entre los escombros modernos. La incuestionable vida de esos huesos clavados en tierra ahora dilucida hipótesis, hipótesis sobre cuyas bases caminarán seguramente arqueólogos, periodistas y vecinos mientras intentan destilar verdad en ese sencillo, a primera vista olvidado hogar de artista inolvidable.