TELEVISIÓN
Marcela Kloosterboer recordó el freno que le puso a Adrián Suar cuando era adolescente
Marcela Kloosterboer, una figura emblemática de la televisión argentina, se ha destacado desde su infancia en el mundo del espectáculo. Habiendo nacido artísticamente de la mano de figuras como Cris Morena y posteriormente trabajando bajo la dirección de Adrián Suar, Marcela es reconocida no solo por su talento sino por haber crecido y madurado públicamente frente a las audiencias. Sus participaciones en series tan icónicas como 'Chiquititas' y 'Verano del 98' han dejado una marca indeleble en la ficción argentina.
Era una tarde cualquiera en las instalaciones de Pol-Ka, cuando la joven actriz estaba finalizando sus días de colegio. En ese momento crucial, Marcela representó el papel más significativo de su vida real: la defensa de su adolescencia. Decidida a no privarse de las experiencias típicas de una joven de su edad, optó por tener una seria conversación con Adrián Suar, su jefe, sobre un tema no negociable: su viaje de egresados.
Promediando los tumultuosos años de la adolescencia, Marcela Kloosterboer se enfrentó a un dilema que muchas estrellas infantiles deben encarar: el deseo de vivir una 'vida normal' en medio del torbellino del éxito actoral. Aunque su agenda laboral era tan ocupada como atractiva, ella prefirió priorizar lo que consideraba los "rituales" de su adolescencia. En conversaciones con el periodista Nico Peralta, Marcela rememoró: "Creo que siempre puse mucha cabeza en no perderme esas cosas".
Con un aplomo notable para alguien de edad tan temprana, Marcela golpeó la puerta de la oficina de Adrián Suar para declarar que, efectivamente, esos diez días de libertad en su viaje a Bariloche eran innegociables. "Me ofrecía cinco días, y yo insistí firmemente en mi postura: ‘No, me voy por diez o me retiro del programa’", revivió la actriz, risueña al recordar su audacia.
Suar, comprendiendo la determinación y motivos de Kloosterboer, finalmente cedió. Así, Marcela pudo vivir el sueño estudiantil de todo argentino, regresando después para continuar brindando al público grandes momentos televisivos. Este acto no fue el único momento en que las prioridades personales debieron ser calibradas. Otras ocasiones, como las vacaciones en Pinamar que sus amigas disfrutaban, resonaban en su entorno, mientras ella a menudo se encontraba ocupada en las grabaciones. Sin embargo, Marcela acepta que aquella dualidad no fue dolorosa: “Lo pasaba bien grabando, entonces no era que lo sufría”, admitió.
Mirando en retrospectiva, Marcela Kloosterboer lleva una mochila cargada de orgullo y felicidad por haber equilibrado aspectos cruciales de su vida. En palabras de la actriz, "Estoy orgullosa de no haberme perdido esas experiencias. Fueron parte fundamental de mi formación, y las atesoro con alegría". Es así que su historia resuena no solo con quienes han crecido siguiendo su trayecto artístico, sino con cualquier joven enfrentando decisiones cruciales en el umbral entre el trabajo y la vida personal.