EMOCIONES
La conmovedora carta de Inés Estévez dedicada a su hija Cielo, quien padece parálisis cerebral
Inés Estévez, conmovió recientemente a muchos con una carta emotiva escrita en nombre de su hija Cielo, quien celebró su quince cumpleaños. Cielo, una joven que plasma la resiliencia y el amor, fue adoptada por Estévez junto a su pareja, Fabián Vera. Nació con parálisis cerebral, una condición que no ha sido un impedimento para que reciba amor incondicional y atención constante. Para honrar este hito en su vida, Estévez compartió una carta poderosa desde la perspectiva de su hija, iluminando no solo su rutina diaria, sino también los muchos desafíos y pequeñas alegrías que la acompañan.
La misiva comenzó con una introducción clara y directa: "Soy Cielo. Hoy cumplo 15. No puedo hablar, pero mi mamá y los que me cuidan me entienden todo”. A partir de ahí, la carta fue un recorrido por los momentos de su corta vida, desde sus sonidos característicos que a veces logran una conexión con aquellos que la rodean, hasta su amor por las experiencias sensoriales como el agua y la música, aunque no cualquiera, expresa con un dulce toque de humor y un aprecio por la vida.
Asimismo, la carta exploraba un espectro completo de emociones. Cielo comunicaba con sinceridad cuando decía: "Me encanta la joda y los gritos de alegría", abriendo una ventana a cómo le afectaban también los aspectos más negativos de su entorno inmediato. Estévez, canalizando la voz de su hija, mencionaba: "Me hacen mal los gritos de enojo y cuando los nenes o nenas lloran”.
La comunicación emocional también estuvo presente mientras compartía frustaciones que a menudo descarga físicamente, como los momentáneos manotazos o cuando apoyaba su cabeza en su brazo susurrando lágrimas. No obstante, el horizonte del relato era optimista: "En general soy feliz", escribía sobre Cielo y su manera de afrontar la vida. También, descubrió algo tan transformativo como una caricia personal que calmaba sus noches, un deseo que Estévez había entendido muy bien.
La carta continuó revelando la intimidad compartida entre madre e hija. Estos momentos, donde Estévez alza y tranquiliza a su hija en momentos de desregulación, resonó como fiel testimonio de su vínculo afectuoso. Las experiencias en público, donde se perciben como distintas, también fueron destacadas. Sus ruiditos que asustan y las explicaciones que deben brindar, reflejan con genuinidad las dificultades que un mundo menos comprensivo puede traer.
El cierre de la misiva fue una profunda reflexión sobre la aceptación y la felicidad. La declaración "Yo pienso que no debería hacer falta andar explicando cosas para que la gente sepa que no hacemos nada", resuena como un eco para todos aquellos que han vivido en la marginalidad de la norma. Cielo, a través de Estévez, dejó una reflexión final llena de deseos de un mundo más comprensivo.