FESTEJO
Tomás Fonzi revivió una anécdota con Mirtha Legrand tras emborracharse en casa de Juana Viale
Hace casi una década, en una noche que prometía ser una velada inolvidable en el ámbito social de Buenos Aires, Tomás Fonzi se dirigió a lo que pensaba sería una de tantas reuniones. Sin embargo, lo que el actor no anticipó fue que esa noche se convertiría en una anécdota memorable, protagonizada nada menos que por la icónica Mirtha Legrand, una de las personalidades más respetadas de la televisión argentina.
El romance de Tomás Fonzi con Juana Viale, nieta de Mirtha Legrand, era de conocimiento público en esos días. El joven actor había conseguido ganarse el afecto de la nieta de la Chiqui durante unos meses de una relación que, aunque breve, fue intensa. En uno de esos encuentros famliares, organizados en la casa de Marcela Tinayre, madre de Juana, Fonzi se encontró en medio de una cálida reunión, con viejos conocidos y caras nuevas.
Desafortunadamente para él, el alcohol jugó un papel protagónico en aquella noche. Aunque Tomás había llegado ya tras un día agotador, los nervios le habían impulsado a tomar una copa tras otra buscando relajarse. "Un whisky es poco, dos es mucho y tres es poco otra vez", diría más tarde al recordarlo con una sonrisa en sus labios. Inequívocamente, el exceso no tardó en hacer efecto y, poco después, Fonzi se rendiría al sueño en un legendario sillón del patio.
Durante su estadía en esa realm de sueños, la reunión prosiguió, y sus anfitriones, en especial doña Mirtha, no dejaron de preocuparse por el joven galán. En un intento curioso por despertarlo, Mirtha se acercó y con gentil prueba trató de devolverlo a la reunión, quizás asumiendo que estaría solo un poco adormilado. Sin embargo, pese a sus intentos cariñosos, Fonzi permaneció en su sueño, ahora con la presencia agregada de la escarcha de Buenos Aires como testigo de su indiscreta velada.
El amanecer trajo consigo no solo un imponente resplandor, sino también un sentido de vergüenza que prevaleció en la mente de Tomás. Al abrir los ojos se vio rodeado por las sonrisas discretas de aquellos que aún recordaban los intentos de Mirtha y cómo él fue, por una noche, el espectáculo inanimado que nadie olvidaría pronto. Sigilosamente, recogió sus pertenencias y abandonó el hogar, procesando poco a poco el bochorno que conllevó la escena.
Con el tiempo, el episodio ha sido contado y recontado, capturando la curiosidad y risas del público. Tomás Fonzi mismo ha recordado este infortunio en diversas declaraciones televisivas, tomándolo como una lección de vida y anécdota que contribuye a personalizar el negocio del espectáculo en personajes con vidas tan interesantes fuera de la pantalla.