ESPECTÁCULO
Coti Romero contó el verdadero interés de la China Suárez para estar con Mauro Icardi
En las enmarañadas aguas del espectáculo actual, pocas historias han capturado tanto la atención pública como las vinculadas al triángulo amoroso que involucra a la China Suárez, Mauro Icardi y Wanda Nara. Las revelaciones de antiguos conflictos y escándalos no han hecho más que avivar el fuego de la curiosidad del público, y entre las voces que emergen para ofrecer teorías se encuentra la de Coti Romero, quien aporta un ángulo sorprendente en este drama mediático.
Esta exjugadora de Gran Hermano fue entrevistada en Bondi Live, donde se mostró impaciente por compartir su propia lectura de la situación entre la China y Icardi, pseudoelementos constantes en la farándula que hoy estarían agitados en un mar de disputas y especulaciones por una joven aún más famosa, Wanda Nara. Tal como lo expresó Romero, es inexplicable cómo ambos celebres pueden siquiera pensar en formar una pareja.
La teoría que Coti lanza al ruedo asegura que detrás del desacuerdo continuo de las parejas involucradas se esconde una batalla de egos. "Esto no es un asunto de hijas ni de dinero", afirma Romero con determinación. "Estamos viendo quién tiene más poder, eso es lo palpable aquí". Según su análisis, lo que mantiene inusitadamente unida a la China con Icardi no es más que un acto deliberado de venganza por parte de Icardi, presuntamente dispuesto a pagar a Suárez para mantener la imagen de una pareja estable debido a los intereses mediáticos.
Para Romero, el vínculo entre Icardi y Suárez carece al parecer de la esencia del amor verdadero, considerándolo más bien un pacto premeditado cuya motivación subyacente es la minuciosa maniobra de alimentar la discordia y ganar presencia mediática a expensas de una relación genuina. "Le paga a la China para que pretendan estar juntos", argumenta, aludiendo a los agravios públicos pasados y a las críticas injustas que cada uno ha dirigido hacia el otro.
El escepticismo de Coti Romero alcanza su clímax cuando reflexiona sobre el impacto social de tal arreglo. "Da vergüenza ajena", sentencia Romero, proponiendo que la suma económica implicada es el factor predominante que sostendría esta fachada, prefiriendo eso al odio mediático que podría ganárselos lugar al mayor de los pesares: ser la burla del país entero.