2023-05-15

JUICIO POR EL HOMICIDIO DE FACUNDO CASTILLO

Cómo se “construye” la imagen del “mejor acusado”

Las series de televisión suelen ofrecer una imagen un tanto distorsionada de algunos hechos. Primero, porque existe lo que se llama “tiempo televisivo”. Los guionistas buscan abreviar los pasos en función del efecto dramático. Por ejemplo: en cualquier episodio (CSI, por caso), toma sólo segundos hasta que el investigador exclama “bingo”. La realidad es más difícil: puede demorar semanas o meses.

Algo similar ocurre en los juicios por jurados. En las series o en las películas, fiscales y abogados se muestran realizando agudos contrapuntos o repreguntas que buscan dejar en evidencia a un criminal. Se trata de una institución que en Río Negro es bastante nueva: fue introducida por la última reforma al Código de Procedimientos, buscando abrir la justicia a la participación popular. Por lo tanto, existe poca experiencia entre los abogados.

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De todos modos, algunas características se pudieron observar en el juicio que se le siguió a Ramiro Gutiérrez, el corredor de la Monomarca Gol imputado en el homicidio de Facundo Castillo. Las defensas y la acusación buscaron “construir” una determinada personalidad del roquense.

En el caso de la fiscalía y la querella, se trata de un “irresponsable”, con “poco apego por la vida ajena”, una personalidad “soberbia” que no piensa en los demás. Que sólo busca la satisfacción de sus propias necesidades. Que el día de los hechos, “no dudó en apuntar su vehículo contra el grupo que venía caminando por la calle Salto”.

Los abogados defensores, en cambio, buscaron en todo momento ofrecer una imagen diferente. La de un joven de 24 años que podría ser el hijo, el hermano o el amigo de cualquiera de los jurados. Un muchacho como cualquier otro; que no le gusta esperar, que le gusta divertirse como todo joven, que protagonizó un hecho irresponsable pero no criminal. En esa búsqueda de sentido se inscribe la declaración de último momento que realizó Ramiro: entre sollozos, pidió perdón a las familias y dijo que nunca tuvo intención de matar.

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¿Hubieran apelado a esas figuras si en vez de un juicio por jurados, hubiera sido un juicio tradicional, con un juez o un triunvirato de jueces técnicos? Abogados al fin, habrían estudiado los casos en que intervinieron, sus convicciones y sus posicionamientos para apuntar sus dardos. En el caso de los jurados, apelaron a la cuestión emocional de sus integrantes. No por subestimar a sus integrantes, sino por estrategia: sembrar una imagen afín a la idea que se defiende ayuda, de alguna manera, a seleccionar algunos hechos que condigan con esa figura inconciente que se fue gestando.

¿Si eso determina o condiciona la decisión de los jurados? En principio, las dos figuras en disputa pueden anularse mutuamente. Y finalmente, pesarán más los testimonios y las pericias que se mostraron durante las seis audiencias realizadas.

 

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