¿Cuántos años de prisión representan una “cadena perpetua”?
Luego de la condena a prisión perpetua de los cinco rugbiers que asesinaron a golpes y patadas a Fernando Báez Sosa, se instaló una polémica entre los que impugnan este tipo de penas (a la que consideran “una muerte en vida”), y sus defensores, que la consideran un disuasorio para futuros hechos delictivos.
Pero también se escucharon diferentes versiones sobre su duración real: ¿salen a los 20 años? ¿Pueden recuperar su libertad tras 25 años? En la región hay varios condenados a “perpetua”. Por ejemplo, Gregorio Colicheo, sentenciado por el femicidio agravado de Claudia Casmuz. Que además, carga con otra condena a 24 años por el homicidio del empleado judicial Javier Videla. El más famoso es Claudio Kielmasz, condenado por el triple crimen de Verónica Villar y las hermanas María Emilia y Paula Villar, ocurrido en 1997. Otro caso reciente es el de Juan Carlos Monsalve, autor intelectual y material del femicidio de Agostina Gisfman, quien al no apelar ya tiene la condena en firme.
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Kielmasz es el que más ruido hace con el tema, con sus permanentes reclamos por obtener algunos privilegios, como salidas transitorias, prisión domiciliaria y una revisión de la causa. ¿Qué le corresponde?
En principio, la modificación aprobada en 2004, conocida como “ley Blumberg”, endureció los términos de condenas para varios delitos y además, modificó el cálculo de la cadena perpetua. Hasta ese momento, se estipulaba que tras 25 años de prisión el condenado podía pedir una revisión para obtener su libertad. Este pedido quedaba a consideración de un juez, quien debía evaluar los informes psicológicos y de comportamiento dentro del penal.
Tras la modificación, impulsada por el mediático “ingeniero” Juan Carlos Blumberg, ese derecho se pasó a los 35 años: recién en ese momento un condenado a perpetua podría pedir la revisión.
Diego Vázquez, quien actuó como representante de las familias en varios casos penales y ayer asumió como fiscal en la IV Circunscripción, explicó que estos cambios explican los diferentes criterios que se tiene a la hora de analizar cada caso. “Kielmasz, por ejemplo, fue detenido en diciembre de 1997 y condenado en 2001. Le corresponde aplicar la ley que estaba vigente en ese momento. Es decir, una revisión a los 25 años”, puntualizó.
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Kielmasz tenía 23 años cuando cometió los crímenes que marcaron la historia de la sociedad regional. Hoy, con 48, está pidiendo una revisión que no tendría buena acogida: los informes psiquiátricos, forenses y de su comportamiento, siguen mostrando un comportamiento psicopático que lo convierte en un peligro para los demás, según trascendió.
En cambio, para Colicheo y Monsalve rige la condición más severa: recién a los 35 años podrán pedir una salida. Monsalve luce resignado: sus condiciones de salud (le tuvieron que amputar ambas piernas mientras esperaba el juicio), sumada a su edad no le permiten ilusionarse con un futuro detrás de las rejas.
Colicheo cumplió 32 años mientras era juzgado por el crimen de Videla. Con esta normativa, recién podría pedir un aligeramiento de su condena a los 67 años. En todo caso, el mismo Código Penal dice que un preso no puede permanecer más de 50 años entre rejas. Colicheo, un sujeto poco empático y con marcados signos de una personalidad psicopática, llegaría a los 82 años.
El preso más famoso de la Argentina y que más tiempo ha pasado en prisión es el asesino serial Carlos Robledo Puch: lleva 51 años en la cárcel. Su abogado presentó un nuevo recurso pidiendo su libertad.