LOS CASOS DEL 2022
Agostina: un femicidio planificado que no quedó impune
Uno de los casos que conmovieron a la región durante el año que termina fue el juicio por el femicidio de Agostina Gisfman, una joven cipoleña que fue asesinada y su cuerpo incinerado en un basural de Centenario. La saña y la alevosía con que se llevó adelante el crimen, el trabajo de inteligencia que realizaron para ubicarla y los cuidados para lograrlo con la más absoluta impunidad, conmocionaron a la gran mayoría de los vecinos de la región.
Aquel 14 de mayo de 2021, Agostina tenía 23 años, una hija de dos; una pareja que no la contenía demasiado y una historia de miserias, privaciones y abusos que la marcarían para siempre. En parte era lo que se llama “resiliente”: una mujer que a pesar de sus sufrimientos había logrado sobreponerse y que podía soñar con algo más.
Una de sus ocupaciones era la prostitución, lo cual no le mellaba su autoestima ni su orgullo personal. Pero en uno de esos trabajos cometería un error que la condenó a una muerte atroz: luego de una cita con un cliente en un albergue transitorio, se le ocurrió subir la foto al Facebook. Sin saber que podía verla la esposa. Que fue lo que ocurrió.
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Se puede decir que Juan Carlos Monsalve estaba preparado para cualquier cosa, menos para aguantar la ira de su mujer, Ana María Perales, quien no sólo lo increpó por aquel “desliz” sino que le exigió una “reparación” equivalente al tamaño de esa ofensa. Y para forzar la acción, se fue del hogar.
Este personaje se volvió a comunicar con su antiguo amigo y compañero de base de taxis ubicada en la calle Estrada, de Cipolletti. Gustavo Chianese era quien lo contactaba cuando tenía “necesidades sexuales”. Había sido quien le había presentado a Agostina y el que tendría que volver a acercarla.
Ese contacto llegó y se fijó la cita para el 14 de mayo, a las 7 de la tarde, en la rotonda del Tercer Puente y ruta 151. Monsalve apareció en una camioneta nueva, alquilada para la ocasión, y la adolescente no sospechó nada. En un sector de la meseta de Centenario, en inmediaciones de un basural, dos puñaladas terminaron con la vida y los sueños de Agostina.
Segundos después llegaron el sobrino y un ayudante en otro vehículo, con los bidones de combustible. Rociaron el cuerpo y le prendieron fuego. Pensaron que de esa manera quedarían absolutamente impunes. ¿Quién los podría relacionar con esa muerte atroz, el día en que finalmente pudiera identificar los restos calcinados? Pero las cosas pasaron de otro modo.
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En estos tiempos de cámaras de seguridad privadas por todos lados, dos vecinos notaron algo extraño: un fogonazo que deslumbraba sobre la línea del horizonte, y minutos después, dos camionetas que bajaban del sector. No se advertían más detalles pero era suficiente para empezar: tenían el horario exacto en que le prendieron fuego al cuerpo y dos tipos de vehículos para observar. El factor cronológico fue importante, para saber qué celulares habían impactado en la antena que distribuye las señales. Entre los no habitantes del lugar, debían estar los principales sospechosos.
Con paciencia, la fiscalía y la policía neuquina fueron armando su red, que terminó con cinco personas imputadas. Luego de un juicio que tuvo que ser anulado por amenazas al jurado; Juan Carlos Monsalve; su esposa Ana Perales; su sobrino Enzo y su ayudante Maximiliano Zapata fueron condenados a prisión perpetua. Chianese la sacó más barata: 15 años por ser considerado “partícipe secundario”.
Entre su arresto y su condena, Monsalve sufrió la amputación de sus dos piernas, producto de sendas infecciones ocasionadas por una diabetes avanzada que nunca se trató. “Se que soy un muerto en vida”, dijo en los juicios, en un intento por asumir la responsabilidad absoluta del crimen y quitar de la escena al resto.
Ni los jurados ni los jueces le creyeron.