2022-06-14

Hace 40 años terminaba la guerra de Malvinas

El 14 de junio de 1982, las tropas argentinas asentadas en las Islas Malvinas se rindieron formalmente ante al ejército inglés. Terminaba una pesadilla para aquellos soldados que lucharon en precarias condiciones; era el principio del fin para el régimen cívico militar que desató la tormenta; comenzaba el clima para recuperar la democracia, apenas un año y medio después.

Aquel día, el jefe militar y gobernador del archipiélago, el general Mario Menéndez, firmaba el acta de rendición frente a su par británico, Jeremy Moore. Algunas fotos de la época nos muestran a un jefe argentino atildado y vistiendo su uniforme impecable; mientras el inglés llegaba con su uniforme de combate. Una postal de lo que había sido la conducción militar argentina: peleando entre la formalidad de los tiempos de paz, el desconocimiento del terreno y la carencia de elementos logísticos y bélicos para poder imaginar otro tipo de batalla.

Demasiado para tan poco. Como las tres horas de discusión para redactar el acta de rendición o el último condicionante que pudo permitirse Menéndez, al reclamar por la definición de “incondicional”. Al fin de cuentas, se trataba de ponerle un nombre a lo que era una derrota.

¿Qué había pasado en esos 45 días de guerra? Para los argentinos de la época, fue una amarga y esperable sorpresa. Al frente estaba la fuerza militar más poderosa del planeta: la Royal Navy amparada por la OTAN, nada menos. Pero la rígida censura militar y la utilización descarada de la propaganda habían generado un clima de exitismo que no se condecía con la realidad de las islas.

La Junta Militar, integrada por Leopoldo Galtieri (Ejército); Isaac Anaya (Armada); y Basilio Lami Dozo (Aeronáutica), ni la cúpula militar terminaron de entender realmente donde se habían metido al abrir esa “caja de Pandora” que fue la recuperación de Malvinas. La prueba más evidente fue que a principios de junio, cuando los ingleses ya habían desembarcado en la Isla Soledad y avanzaban hacia Puerto Argentino, se negaban a negociar sobre la base de la Resolución 502, de las Naciones Unidas. Que establecía una tregua, el regreso de las tropas al continente y el inicio de un proceso de diálogo.

Cualquier manual de estrategia militar podría haberles abierto los ojos: los británicos dominaban el mar absolutamente, con la armada argentina recluida en Puerto Belgrano; y controlaba el espacio aéreo, a pesar de los intentos aislados de los cazas y los aviones de transporte argentinos. Al no poder enviar pertrechos ni refuerzos, la caída de Puerto Argentino era cuestión de horas. Demasiada ventaja.

En las islas, la situación no era más clara. Sólo se sabía que los recursos no alcanzaban para frenar el avance inglés. El 21 de mayo habían abierto un frente en el estrecho de San Carlos y desde allí comenzaron a marchar hacia la capital del archipiélago. Menéndez dio versiones diferentes sobre la táctica de aquellos días. Frente a los periodistas Oscar Raúl Cardoso, Ernesto Kirschbaum, y Eduardo Van Der Kooy (autores de Malvinas, la trama secreta), dijo que carecía de movilidad para poder desplazar a sus tropas por la isla, por lo que eligió esperar y resistir en Puerto Argentino.

Andrew Graham Yooll, un periodista que llegó a la Argentina en 1982 para cubrir el conflicto, logró entrevistarse con el general y después escribió sobre el tema: “Buenos Aires, otoño de 1982”. Durante una cena, compartida con una colega argentina, María Laura Avignolo, Menéndez dijo algo diferente: que aquella operación le pareció una “distracción” y que el verdadero ataque vendría por mar en Puerto Argentino.

Después del 20 de junio, los más de 10.000 efectivos que habían sido enviados a las islas comenzaron el regreso al continente. Puerto de Comodoro Rivadavia, sigiloso traslado a las bases operativas, licenciamiento, y acá no ha pasado nada. Sobre los días que pasaron entre la llegada y la baja, un veterano confiaba: “como que nos querían engordar para que no digan que nos mataron de hambre”.

Pero sí había pasado; y mucho. El estrés postraumático siguió castigando a los veteranos que al principio, tuvieron que enfrentarlo sin ayuda y desde la incomprensión de las autoridades y de la sociedad.

Pasaron 40 años de aquella experiencia y no parece que se hubiese asumido sus consecuencias y sus enseñanzas con suficiente convicción. Una guerra, dicho sin eufemismos, es mucho más que dos ejércitos puestos frente a frente. Y todavía no nos hemos hecho las preguntas necesarias para entender lo que ocurrió. Más allá de la anécdota.

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