2022-03-17

EL “PUENTE VIEJO” CUMPLE 85 AÑOS Y PREPARAN FESTEJOS

¿Es viable “jubilarlo” y construir uno nuevo?

El querido “puente viejo” que une Río Negro con Neuquén está por cumplir 85 años y los gobiernos de ambas orillas, junto a Vialidad Nacional, le van a organizar una serie de “festejos” con recitales al aire libre que se realizarán en abril; y algunas “intervenciones artísticas” que intentarán brindarle un aspecto renovado.

La construcción comenzó en 1935 y se inauguró dos años más tarde, produciendo una verdadera transformación en las relaciones sociales de ambas provincias. En esos años, la población total de la Patagonia Norte apenas si alcanzaba las 70.000 personas. Y según el censo de 1947, el conglomerado Cipolletti – Neuquén sumaban 10.000 habitantes.

Antes de su habilitación al tránsito se podía cruzar el río en balsa, que transportaba hasta tres vehículos y demoraba una hora en ir y volver. Siempre que el río no viniera con el mal carácter de alguna de sus crecidas periódicas. Los más jóvenes, los que tenían un mejor estado físico, cruzaban por el puente ferroviario caminando o en bicicleta… Hay que entender que las “ciudades”, en ese entonces, estaban bastante más retiradas; alejadas por una zona de chacras que ya no existe.

El puente “de los arcos” fue la única vía de vinculación terrestre hasta 1997, cuando se habilitó el segundo.  Ese mismo año se registró el primer corte de puentes: docentes y estatales neuquinos mantenían un prolongado conflicto con el gobierno de Felipe Sapag. Como una forma de presión, se les ocurrió realizar un bloque total que duró varios días y terminó con el desalojo mediante la represión de Gendarmería Nacional.

El sistema utilizado para la construcción del “puente alternativo” fue el de concesión mediante el pago de un peaje en los dos. Se lo consideró un “sistema integrado”, se preparó el esquema vial para que uno fuese ingreso y el otro egreso; y se estableció que el costo del peaje se iba a distribuir equitativamente entre los que usaran todo ese complejo.

Esa decisión agregó un nuevo foco de tensión y la zona de los puentes se consolidó como “el sector de las protestas” de la región: casi un deporte que afecta a miles de personas que diariamente se movilizan entre ambas provincias. Según las estadísticas de Vialidad Nacional, en 2019 (último año completamente “normal”, sin restricciones de circulación por la pandemia), el Tránsito Medio Diario Anual fue de 57.700 vehículos. Y eso que desde 2017 está habilitado el Tercer Puente, unos dos kilómetros más al norte.

 

En ese marco, viene la pregunta: ¿se puede “pasar a retiro” al puente de los 85 años? Como propuesta, es romántica y motivadora. Un espacio para mantener la memoria y realizar actividades al aire libre, suena bien. Especialmente durante los meses de primavera y verano, cuando el tiempo acompaña y el paisaje se viste de verde.

El problema es que no parece demasiado práctico. Construir un nuevo puente mediante la “concesión por peaje”, ejercería un efecto negativo sobre el resto el sistema. Imponer el peaje a todo el corredor aumentaría mucho el nivel de conflictividad. Y además, tener un puente sin tránsito, con la presión vehicular que se registra y que va en aumento, no resultaría lógico para nadie.

 

Mantenerlo en condiciones, “intervenirlo” para que refleje el sentir de ambos pueblos, tener un espacio de memoria en las inmediaciones, pueden ser propuestas interesantes para que adquiera la dimensión histórica que merece. Pero cerrarlo al tránsito, cuando está en condiciones de mantenerse durante un buen tiempo, sueno poco lógico.

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