2015-08-22
OPINIÓN Escribe Mariano Vila
La mezquindad también es política
"Es hora de que todos, Nación, Provincia y municipios puedan trabajar en conjunto. La mezquindad política debería correrse a un lado".
El peronismo rionegrino volvió a dar la nota por estos días. Chicanas, críticas y conceptos con un alto contenido político se cruzaron en estos últimos días entre los títulos más importantes de los medios regionales. Mientras tanto, quien había sido la cara visible del oficialismo nacional, por no decir sciolismo, durante la última elección, bajó su perfil y parece empezar a dejar en otros la conducción del partido a partir del pedido de licencia como presidente del PJ provincial.
La necesidad de elevar el tono a las discusiones y formar acusaciones no menores entre el intendente roquense Martín Soria (a cargo del partido Justicialista actualmente), la senadora nacional Silvina García Larraburu y la legisladora provincial electa, Anahí Tapattá, descubre un sinfín de inquietudes.
Primero, la necesidad de generar esta disputa mediática en este momento particular del año. Si bien es válido que el intendente local se queje por el supuesto incumplimiento de Vialidad Nacional por el atraso de las obras para ensanchar la ruta Nº 22 (algo que particularmente creo que atrasa la discusión sobre el desarrollo provincial, no porque no sea legítimo el reclamo, sino porque es algo que debería estar solucionado hace años), no es menos cierto que él sabía que las críticas a algunos legisladores nacionales por su "falta de compromiso” con la gestión provincial, también despertaría los cruces discursivos.
Lo cierto es que la ruta sigue igual, y estos entredichos no van a solucionar en nada que la situación se resuelva. Las economías regionales están quebradas en gran parte del país. Todos sabemos lo que pasa en Río Negro y los efectos que tiene en la estabilidad de la provincia, al margen de los efectos electorales que ya tuvo. Me parece que es tiempo de que alguna vez todos los funcionarios, sin importar la bandera partidaria que defiendan, puedan tener la altura de trabajar en pos de un mejor Estado.
Lo que en su momento fue una decisión política, y me refiero a dejar afuera a Río Negro de la refinanciación de la deuda con la Nación, ahora queda en evidencia que tal vez hubo cierta intencionalidad detrás. Si bien las palabras en aquella época (no muy lejana tampoco) del jefe de Gabinete de ministros, Aníbal Fernández, era que la provincia no había cumplido con algunas condiciones para que pueda ser exceptuado del pago, no nos debería alarmar que el "sorprendente” apoyo del actual gobernador haya generado un cambio de esquema para con el Estado rionegrino de parte del Estado nacional. De esto se trata la política, de la negociación.
Las declaraciones de Soria, según mi opinión, son más para el interior del peronismo local que para otra cosa. Él necesita perfilarse como la renovación dirigencial a pesar de tener un apellido con historia y peso; pero también como el nuevo jefe político de ese movimiento ya sin Miguel Pichetto en las primeras planas (este seguramente tenga otro lugar en un eventual gabinete de Scioli). La Cámpora, que cerró las listas por su cuenta sin consultar demasiado, tiene a Martín Doñate como el referente del Frente para la Victoria, que interactuó bastante con el Ministerio de Economía de la Nación para que Weretilneck vuelva a sentarse en Casa Rosada. Entre ambos jóvenes dirigentes y algún que otro intendente estará el mando del justicialismo en la provincia para los próximos años.
Pero tanto estos, como el resto de los partidos que "operan” en la provincia, entre ellos los radicales obviamente, no deben dejar de lado que el gobernador tiene su propio espacio político y es gobierno por cuatro años más. Por ahora da señales con todos a partir de la "mezcla política” que tiene dentro del espectro que él mismo fundó. Aprovecha esa condición mientras el resto se pelea y se responsabiliza por magros resultados electorales. Pero en algún momento, y ojalá esto suceda, puedan unificar ciertos criterios en materia de políticas públicas.
Un dato no menor, y lo cual despertará nuevamente un incremento mediático de los máximos referentes de la política local, serán las elecciones en la ciudad de Bariloche en septiembre próximo. El municipio es demasiado importante como para dejar pasar la elección. Es tratado, por momentos, como un municipio del conurbano bonaerense por su complejidad electoral, por el caudal de votos que tiene y por lo que significa la ciudad para la historia y el futuro de Río Negro.
Pero a su vez, es inadmisible que la producción frutícola esté como esté. La responsabilidad no es del Estado provincial, pero tampoco debe mostrarse como ajeno. La provincia de Tucumán, por mencionar otro ejemplo, está penando con algo similar. Los cañeros mantienen sitiado al territorio norteño, y tal vez pueda ser determinante en los resultados electorales del próximo domingo. Las economías regionales son altamente cardinales en nuestras provincias como para subestimar el conflicto. La llegada de subsidios no es otra cosa que una solución cortoplacista que viene a resolver sólo una parte del problema. No podemos pretender que el Estado tenga que salir siempre con un salvavidas financiero. Los productores quieren producir, pero necesitan las condiciones para hacerlo.
Es hora de que todos, Nación, Provincia y municipios (aprovechando también el inflador financiero que están recibiendo en muchos casos por la renovación de contratos petroleros con empresas privadas) puedan trabajar en conjunto. La mezquindad política debería correrse a un lado. Esperemos que resulte quien resulte ganador de las elecciones nacionales, traiga un poco más que nuevas expectativas. Que traiga una política sustentable y a largo plazo, y que el gobierno provincial y los locales estén a la altura de la circunstancias.
Mariano Vila
@MarianoVila
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