Viernes, 20 de octubre de 2017
Gustavo Marín
Psicólogo, escritor.Ver más
Psicólogo, escritor.
Haciendo Vacío para llenarnos de Vida

Haciendo Vacío para llenarnos de Vida

El sufrimiento, el deseo y el fluir con la vida.

Buda se lanzó a la vida a descubrir el origen del sufrimiento humano, y luego de su largo periplo de experiencias, descubrió que el origen de ese sufrimiento era el Deseo.

Bueno, el tema del Deseo es muy amplio, y se puede ver y entender desde distintas perspectiva. Pienso que ésta sociedad occidental se sostiene sobre la base del Deseo consumista, e imagino si hoy volviera Buda, y caminaría por el centro de cualquiera de nuestras ciudades, y viera nuestras publicidades que buscan que compremos cosas que no necesitamos, aumentando deseos superfluos, no entendería porque fuimos totalmente para el lado opuesto del que él proponía.

Por mi parte, no soy budista, aún así intuyo que hay algo de verdad en este planteo, e intento no apegarme a las cosas de la vida en demasía, prefiero dejar que las cosas circulen. Y observo que cuando podemos transitar la vida sin tantas expectativas, nos sorprendemos más a menudo, y a la vez, nos frustramos menos. Porque justamente el origen de la frustración son deseos que no se alcanzan. Si disminuimos los deseos, tendremos menos frustraciones. Cuando escribo un artículo, soy consciente  que es para que el público lo lea, pero lo primero que busco al escribir es que me agrade hacerlo, el proceso, que sienta placer y sentido en la acción.

Luego lo entrego y trato de soltar el pensamiento si va a gustar o no, si tendrá  sentido y utilidad, así practico el desapego. Y es así que me sorprendió gratamente que la columna anterior en donde planteaba un tema tan impopular como es “aprender a perder”, tuviera una importante repercusión, tanto en ANR, como en las redes sociales, y hasta en la calle donde algunos conocidos y amigos se acercaron a comentar su interés en el tema.

Y algo relacionado con el tema de soltar y perder, es a lo que llamo, “crear vacío”. Crear vacío es crear espacio.

¿Y por qué es tan importante el espacio? Porque estamos repletos, tapados de cosas, de ruido, de obligaciones, de tareas, de electrodomésticos, de comunicaciones virtuales, de cuentas a pagar, de tengo que, de lo que debiera ser….Y pocas veces tenemos espacio para lo que realmente queremos, para lo que nos reconforta, para crear, para pensar hacia dónde va nuestra vida, para lo que nos da placer, para el ocio, para las amistades, o para la nada misma….

Es usual en Occidente que nos sintamos abrumados por el incesante flujo de  pensamientos en nuestra mente. Las personas exclaman de continuo: -¡No puedo dejar de pensar; -No puedo parar la cabeza!; -Tengo la cabeza llena de pensamientos!; -Ni cuando duermo descanso!!!

Y se preguntan: ¿Cómo hago para parar, para dejar de pensar, para vaciar la cabeza? O sea, también estamos llenos de pensamientos, teorías, creencias, mandatos, certezas, conocimientos, prejuicios. Y hacer Vacío en la cabeza, en nuestro interior es una de los desafíos más grandes. Los psicólogos Cognitivos aluden al concepto de vacío cuando se refieren al despojarse de ideas previas o formas (creencias) rígidas de ver una situación o la realidad, y su intención es cambiar una idea (que es inadecuada, errónea y que produce sufrimiento) por otra más flexible y acorde a la realidad.1

En la Psicoterapia Gestáltica también existe un gran interés en el tema del Vacío y muchos autores describen directamente este fenómeno y cómo lo abordan terapéuticamente, al respecto la gestaltista Patricia Baumgardner escribe:

“Literalmente, la persona experimenta un hueco, o espacio de nada, dentro de su ser físico. Se siente afligida o carente de algo. Primero, preguntamos al paciente dónde es que se siente vacío, y cuando nos lo indica (generalmente señalando hacia el pecho o el estómago), le decimos que penetre en su vacío. El paciente entra en su vacío. La dificultad aparece un poco después cuando se niega a permanecer con el fenómeno desagradable de vacuidad. Se le pide entonces que describa su experiencia, que exprese lo que oye y lo que ve (…) cómo se siente, cualquier cosa que experimente. Llegamos a un lugar conocido: el paciente lucha y trata por todos los medios posibles de evitar estar con lo que existe.

Hacemos lo que podemos para impedir su evasión y para estar con él discretamente, cuando se muestra dispuesto a dejar que las cosas sucedan, que ese caso es permitir que exista su vacío.

Si el paciente está dispuesto a prescindir de sus intentos de control y a aceptar su viaje por su vacío (…); la negrura cederá a la luz y el vacío a un mundo viviente.” (Pág. 75-76)2

Entonces el hacer espacio (vacío) es algo que tiene muchas aristas. Hacemos espacio en  nuestro interior, despojándonos de  ideas y principalmente las que nos abruman. También el espacio me ayuda a sentir, quizás lo que no me animo a sentir, lo que oculte de mí mismo por juzgarlo inapropiado o doloroso, y para eso me  evadí, de miles de forma y me convertí en un sutil controlador, porque si hablamos de sentir, hablamos de las emociones que son como el agua, que es escurridiza, se mete por todos los poros, lo que toca lo impregna, no tiene forma definida, pero cuando se acumula, ejerce una gran presión, y se necesita mucho control, para que no nos inunde, para frenarla.

Por eso le tememos a las emociones y desarrollamos tanto control en nuestra vida. Pero sin emociones, todo se vuelve gris y no sabemos qué es lo que nos importa en la vida, para dónde movernos, y terminamos alejándonos de nuestro corazón. La raíz de la palabra emoción es motere, del verbo latino “mover”, “movimiento”, además el prefijo “e”, implica “hacia”; lo que sugiere que emoción significa “movimiento hacia”, o sea, en toda emoción hay implícitamente una tendencia a actuar, la emoción es la que nos guía y nos incentiva a movernos en la vida, es nuestro motor. Y cuando controlamos a las emociones, nos ponemos un poco como los zombis, vieron que  están muertos y a la vez están  vivos, una total contradicción, y vivimos esa triste contradicción.

¿Y por dónde empezar a hacer vacío en lo cotidiano? Quizás lo más práctico es por organizar nuestra agenda. Incentivo a la gente a que escriba que es lo que se propone hacer en un día, prestar atención que sean cosas realizables y cumplibles, y lo que no se pueda, dejarlo para el otro día. Y que no sea todo en la semana cumplir, obligación, trabajo, familia, o estar tirado en una cama entre cuatro paredes.

Es necesario un equilibrio, de todo un poco, como en la alimentación. En una etapa de mi vida me encontraba estresado, la vida cotidiana estaba centrada en el trabajo y la familia, no lograba mantener una actividad física y/o recreativa regular, lo que empezaba, lo dejaba o relegaba por el trabajo. Hasta que pude tomarme en serio a mí mismo (el cuerpo y el alma me lo pedía), y comencé a poner en mi agenda el horario de actividad física-recreativa y no modificarlo bajo ninguna circunstancia, dejar de autoboicotearme, librarme de las excusas (siempre tenemos alguna).

Hoy ya no lo anoto en la agenda, lo in-corporé (lo hice cuerpo) a mi vida cotidiana. Cuando juego al tenis, me vacío de mis historias, de las historias de mis pacientes y alumnos, y vibro con el movimiento, el juego, la emoción, las bromas de mis compañeros y el tiempo se detiene, nada más importa y quedo lleno de energía para luego volver a otras tareas.  Y como nada es casual mi amiga Alejandra me comentaba que había leído “La magia del orden” de Marie Kondo en donde daba algunas indicaciones precisas que más que ver con el orden, asocie a “hacer vacío”.

Algunas de esas indicaciones intuitivamente le daba en forma de tarea a algunos pacientes. Probar sacar toda la ropa que uno tiene, ordenarla, y decidir qué es lo que dejo,  qué es lo que ya cumplió su ciclo, o no me lo puse nunca y debo soltar. Lo mismo con los libros o apuntes que se  van juntando a partir de cursos o estudios que he realizado y ya no les doy uso, pero los conservo por simple acumulación o añoranza.

También con los adornos, suvenires, muebles, cuadros, juguetes propios o de los niños, objetos varios. Esto pareciera simple, superficial, pero no lo es. Mi experiencia es que le cuesta muchísimo a las personas comenzar con esta tarea, las resistencia surgen inmediatamente y eso indica que algo interno y profundo se comienza a mover. Es que se puede empezar el movimiento de transformación de afuera hacia adentro. La gente acumula las cosas más insólitas, y sin sentido aparente, es que mientras el exterior no se mueva, lo de adentro tampoco se mueve. Y lo que no quiero que se mueva, son mis certezas y emociones. Pero no hay que olvidar que la “vida es movimiento”. Sin movimiento, nos resistimos a la vida. Mientras más guardamos, más rígidos nos ponemos, más energía bloqueamos. Y quizás el soltar, el perder, en lo más profundo nos recuerda un poco a la muerte, cuando debemos soltar nuestro cuerpo, para lo cual tampoco nos educan. Y por todo esto es posible que haya temor en el soltar y crear espacio.

El autor Thomas Moore, también nos da comprensión y señales de cómo aplicar la  práctica del vacío a la vida cotidiana y su importancia:

“Este vacío puede ser una pausa en el tiempo, un momento de reflexión, un día de asueto o un ensueño no inducido. Espacialmente puede estar representado por una amplia explanada, una capilla desierta o una habitación para meditar. Emocionalmente puede ser una pérdida dolorosa o una crisis. Intelectualmente  puede ser una incógnita, una duda o una nueva forma de pensar".

Un escenario teatral, una pantalla cinematográfica, el estudio de un bailarín y la tela de un pintor son también espacios vacíos en los que la imaginación puede tomar contacto con el infinito. Todo arte, en la medida que es vacío, es religioso. ” (Pág.33). “En términos psicológicos, el vacío es la ausencia de neurosis, que esencialmente interfiere con el desarrollo de la vida y los deseos del alma profunda. (…) Esa sensación de que la vida pasa a través de nosotros, como si fuéramos unos conductos limpios de todo obstáculos, es el vacío.” (Pág.40)

“El vacío (…) no conduce a la resignación o a la depresión; por el contrario, nos ofrece esperanza y nos libra de la angustia de tener que controlar siempre la situación.” (Pág.39)3.

Aquí Moore termina relacionando el Vacío con el abandono del control, teniendo en cuenta que cuando ejercemos control, nos encontramos en permanente estado de tensión. Por lo tanto la práctica del vacío, nos permite  entregarnos livianos y lúcidos a la situación que se nos presenta, un fluir con la vida como diría Heráclito con su Panta rhei: Todo fluye, y no nos aferramos a nada, pero sentimos, vivimos todo con intensidad. Y el Vacío que al principio nos asustaba y angustiaba, se terminará transformando en un Vacío fértil y así estaremos abiertos a llenarnos de Vida. Hacete espacio…

  1. Riso, W. (2008) Pensar bien, Sentirse bien. Emecé Editores. Buenos Aires.
  2. Baumgardner, P. (1989)  Terapia Gestalt. Editorial Concepto. México.  
  3. Moore, T. (2003)  El Cuidado del Alma II, Segunda Parte. Ediciones Urano. Barcelona.
Dejar un comentario